viernes, 6 de febrero de 2015

Retazos de mí

Hi hi! ¿Cómo están todos? Espero que más que bien :D justo hoy me puse a escribir esta historia y vengo a compartirla con todos ustedes. Espero que les guste. Es un género que me encanta, ya sabrán: el gore con algo de demencia (?) más de la de costumbre (????) Ok, no (?) Pero, sí, algo de ello tiene XD Espero que sea de su agrado :D


La había perdido. Aquel día, después del accidente, ella se había ido para siempre pero había dejado aquel cuerpo con vida. Sí, ella estaba ahí pero no estaba. Y lo peor, a esta altura, estaba segura de que cada día que pasaba la alejaba más y más de ella, hasta el punto en que llega el sin retorno y todo acaba. Un golpe de realidad, uno muy fuerte y duro era el que llevaba ella encima, viendo a la mujer que había amado deteriorarse día con día, cayéndose a pedazos hasta no quedar nada reconocible en su ser más que el cuerpo que le daba forma pero que ya, no contenía el alma que le daba todo su ser.

Todo había acabado.


La miró sentada en la mecedora, en un vaivén continuo mientras abrazaba a un peluche, un animal mutante que ella había hecho con varios retazos de otros peluches y lo había tomado desde ese día como suyo en todo momento. No había lugar al que fuera sin él. Estaba siempre abrazándolo y cuidándolo con dedicado esmero, así como ahora, le cantaba una canción de cuna a medias, a medias tarareaba sin llegar a acabar la melodía, quedándose en el más perfectos de los silencios mirando al vació. Su mirada perdida ya no reflejaba aquel brillo de antes. Ya no. Estaba vacía.

¿Cuándo había sido el momento exacto que había sucedido? Hacia un año que eso había sucedido. Era el día que quería borrar de su memoria para siempre pero que siempre volvía a atormentarla, como una cruel confirmación de que había sido su culpa de que ella se fuera de aquella manera, de que quedara sólo un recipiente vacío a su cuidado. Fue su culpa de todo.

A Eve, como le gustaba que la llamase, le gustaba practicar Motocross y después de haberse casado por civil, aun, bajo la desaprobación de sus padres, se fueron de luna de miel a un sitio donde ella siempre quiso estar y disfrutar en moto. Tara, su ahora esposa, la siguió en su jeep de montaña. No era tan hábil ni intrépida como para aprender a hacer algo como lo que ella hacía, meter el acelerador al máximo y salir sólo con la motocicleta no era algo para ella, pero le gustaba verla feliz al disfrutar tanto aquel pasatiempo, así que con el tiempo, fueron haciéndose compañeras de aventura, siguiéndola mientras el terreno le daba cabida a ella, cuando no, tomaban rutas alternas para encontrarse al final del camino. Más, aquel día, vio todo. Como su cuerpo salió volando por los aires, como la correa del casco se partió y ayudó a su cabeza impactara contra el suelo para ver como la moto caía sobre ella. Había sido como la escena de una película de terror. Y era algo que no se lo podía sacar de la cabeza.

Corrió, no le importó absolutamente nada, sólo corrió hasta donde estaba ella, manchándose con sangre, viéndola mancharse con sangre. Su cuerpo inerte en el suelo, las ruedas que aun giraban por inercia hasta detenerse, todo estaba en un panorama horrible, detestable, innombrable. Ése día, había visto como una parte de Eve quedaba ahí, entre la sangre, la tierra y el polvo que se había levantado.

No supo cómo pero, cuando se dio cuenta, estaba con ella manejando a cualquier sitio donde pudieran atenderla, sintiéndose realmente inútil. Los nervios, la presión, verla a ella en el asiento del lado de aquella manera le causaba pánico en más de un sentido, pero sabía que debía moverse rápido, sin embargo, era como si el tiempo o la tierra se hubiesen movido y no estuviera cerca de nada.

Todo iba demasiado mal, como si los dioses se hubiesen confabulado para que eso sucediera de aquella manera. Las lágrimas le caían de los ojos a cantaros mientras manejaba y se llevaba por delante más de un arbusto o cualquier cosa que se le aparecía en el camino, llegando después de más de una hora con el paragolpes hecho pedazos a una clínica.

Aún tenía esperanzas entonces, pero el tiempo las fue matando. El tiempo es el mejor asesino, siempre lo pensó pero nunca pensó vivirlo de aquella manera, en primera persona.

Tara lloró toda la noche. La sala de espera blanca y silenciosa eran el peor refugio que podría encontrarse. No había nada, ni si quiera, un solo sonido que fuera capaz de contenerla. Estaba sola a la espera de una respuesta que temía recibir. Le daba terror ver salir a alguien de la habitación y recibir una mala noticia, pero por otro lado, la ansiaba con vehemencia. En ése momento de espera, hizo todo lo que el resto sabría que no haría en frente de ella: culparla.

A media madrugada salieron a darle las noticias de lo ocurrido ¿Qué pasó? Trauma encéfalo craneal ¿Cómo estaría? Físicamente, esperaban que bien ¿Y mentalmente? También, lo esperaban. Más, esperaron hasta la fecha lo que nunca iba a suceder.

Se quedó pensando. Se quedó pensando y rememorando. ¿Volvería a ser ella? ¿Volvería? Lo cierto es que nunca volvió. El mismo cuerpo, la misma cara, el mismo tono de voz y hasta el mismo olor de su piel. No podía ser tan idéntica y no ser ella. Pero lo era. Lo era.

Tara la llevó a casa luego de un mes. Médicos y psicoanalistas y otros especialistas le explicaron posibles reacciones, todas inciertas de la joven. Algunas cosas que podrían suceder y que era probable que actuara diferente por el tipo de trauma que tenía. Decían que lo mejor era dejarla en una casa de reposo pero ella se negó: podía con su esposa.



Con el tiempo, la desesperación se apoderó de ella. Los gritos se apoderaban de Eve por momentos, horas e incluso, días enteros hasta que la sedaba y se dormía. Se sentía mal, se sentía terriblemente mal. No había una palabra para definirlo. Los gritos volvían y al llegar a verla, la veía golpeándose la cabeza contra el suelo con mechones de lo que había sido el cabello que le había crecido después de la operación. Intentaba calmarla pero nada funcionaba. Las lágrimas caían de sus ojos viendo a aquella mujer deshecha, abrazándola con vehemencia con sus gritos justo en su oído hasta que llegó el momento en que se cansó y quedó en silencio. Los sollozos fueron lo único que se escucharon. Sabía que ya la había perdido para siempre.



Los días pasaban y todo seguía exactamente igual, nada cambiaba, nada mejoraba. La situación empeoraba. Más, la vio tranquila. Eve estaba jugando en la mesita con el peluche. Sonrió al verla de aquella forma y procedió a seguir con sus planes. Así, fue a preparar algo dulce para ambas. Sabía que había prometido cuidar de ella para siempre y eso es lo que haría, además, algún viejo hábito afloraba en ella y la hacía sentir un poco mejor respecto a su recuperación aunque hacía tiempo que había desistido de ello. Quizás, muy en lo profundo de su ser, se resignaba a aceptarlo.

Prendió el horno y se puso a hacer la masa de las galletas, muy metida en su mundo, tanto así que no vio a la muchacha cerca de ella cuando sacó las bandejas calientes y tropezó, quemándola sin querer. Los gritos volvieron, las marcas rojas en su piel y el olor de la piel quemaba la enloquecieron. Estaba tan metida en sí que no había forma de hacerla reaccionar y el buscar hielo para poner en su herida sólo fue peor. Sin que se lo imaginase, sintió como la golpeaba fuertemente en su cabeza. Le había dado justo en la sien. La vista se nubló y su percepción también. El golpe se repitió con fuerza, dejándola sin posibilidad a recuperarse, dejando escapar un grito ahogado de sus labios. Quería detenerla, quería hacer algo, pero, no encontraba el momento. Pronto, el dolor no fue lo único que sintió. Una sensación aún más profunda todavía la hizo gemir con fuerza, su pierna se partía y pronto, la voz se le escapaba. Su boca se llenó de sangre mientras de su garganta salía el líquido viscoso y rojizo manchando el suelo, su ropa, absolutamente todo lo que quedaba a su alrededor. Eve sonreía al ver a la joven tendida en el suelo y el hecho de ver salir sangre sólo la hizo motivarse más y más a seguir mutilando su cuerpo. Fue como con los peluches: los abría y el vellón o las burbujitas de telgopor salían por todas sus aberturas, sólo que con ella, una fuente brotaba de su cuerpo.

Se quedó mirando el cuerpo largo rato hasta que las convulsiones desaparecieron y la sangre que antes brotaba de sus heridas, se coaguló dejando grandes manchones de color rojo fuerte en todos lados. Lo vio tan bonito que pensó que podría hacer algo bonito con ella. Así, fue desmembrando parte a parte a la que alguna vez había sido su esposa, para ahora, convertirse en el nuevo acompañante de su peluche. Los dedos, ojos y hasta el cabello, todo iba tomando forma con la ayuda de la aguja y el hilo para así, tener compañía por siempre.


Bueno, eso es todo. Espero les haya gustado :D

Bye!

5 comentarios:

  1. Hoo! que buenaaa! (ŏ□ŏ)
    Me gusto mucho! por favor cuando puedas has otra así
    Desde ya te digo que tiene un seguidor mas! (✿´ ꒳ ` )ノ
    En realidad venia a afiliarme,pero me colge con la historia xD

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    Respuestas
    1. Oh, muchas gracias <3 me gustan los cuentos de éste estilo, así que seguro iré subiendo más así. Gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar <3 me alegra mucho que te haya gustado :D

      Bye!

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    2. Madre mía que macabro xd pero me encanta no se es algo muy extraño y pobre tara a la eve se le fue la hoya totalmente D:

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    3. ¡Oh, me alegro que te haya gustado! Son pocas las personas que tienen gusto por éste género más, adoro escribir cosas tan retorcidas como ésta XD

      ¡Gracias por comentar!

      Bye!

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  2. Hahahaha y tan retorcido xD pero si a mi me gusta de todo esperó que subas más historias así cortas molan mucho besos ~

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