miércoles, 23 de diciembre de 2015

Iniciativa navideña: historia Navideña

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Tenía pensado subir esta historia un poquitito antes como ya había anunciado, pero viendo que tenía que hacer una historia para la iniciativa, se me ha ocurrido matar dos pájaros de un tiro y acabar subiéndola para cumplir con esto.

Y para la fecha, tenía pensado una historia de Morgan. Adoro a este personaje y como ya había dicho, tenía una situación para él en Navidad, así que viene de anillo al dedo, aunque no será lo típico de la fiesta xD

¡Escribe una mini historia o haz un dibujo (estilo libre) ambientado en estas fechas~!

¿Te gusta la Navidad?



Nevaba. Hacía un frío insoportable. La nieve había cubierto gran parte de su puerta y había hecho que, para salir, tuviera que ponerse a palear para dejar la entrada en condiciones. Se había levantado rezongando tan sólo por eso. O quizás por otras cosas que le molestaban, pero eso era lo principal. 

Salió de la casa. No tenía un sitio especial para ir tampoco. La agencia estaba cerrada, Kysa no estaba, Jack pasaría la víspera con su esposa y él, no tenía nada qué hacer: Morgan estaba aburrido. No tenía a quién molestar o con quien emplear sus agudos comentarios.

Debía haber ido con su novia y pasar la primera Navidad en familia desde… bueno, su primera Navidad en familia. Pero no había querido. No había querido por el hecho de que la Navidad no significaba nada para él. Era una festividad religiosa en la que le rendían culto a un Dios con el que él siempre tenía alguna disputa en curso. No iría a rendirle tributo de la forma que fuere. Más, Kysa, por el contrario, ansiaba estar con su familia y como tal, había insistido en que él viajara junto a ella para que los conociera. Después de todo, no iba a poder verlos de nuevo hasta el próximo año, así que sería una buena ocasión ¡es más, había intentado convencerlo con la idea de conocer Suecia! Pero ni eso había sido suficiente como para que él picara el anzuelo. Al final, tan sólo la acompañó al aeropuerto donde se despidieron hasta mediados de enero.

Paseaba por la ciudad pensando en la Navidad. En que era una fiesta religiosa, en que él no creía en un dios que actuaba de mero espectador. No le gustaba, no lo entendía: no lo aceptaba. Su vida había sido mucho mejor sin atenerse a la existencia de alguien superior, más, siempre había alguien que le recordaba eso. En el campo de batalla, sucedía seguido. Incluso, en algunos bombardeos, hasta los ateos se convertían rogándole a Dios. Él por su lado, nunca había cedido a ello. Y aunque, durante muchos años había huido de toda influencia de ese estilo, conocer a Kysa hizo que todo ese esfuerzo por mantener esos temas alejados no diera frutos. Ella era creyente, no profesante, claro. No iba a misas ni a las grandes celebraciones, pero nunca perdía oportunidad para celebrar las fiestas religiosas o encomendarse a Dios por alguna cosa.

Paseó por las calles, por el centro de la ciudad, donde había mayor cantidad de personas. La locura de las fiestas y de las compras a último momento era algo que no detenía ni si quiera, una catástrofe natural. Había nevado muchísimo y aun así, la gente salía a prisas a buscar lo que le faltaba para tener la Navidad perfecta. Nada detenía la fiebre consumista de las fiestas. Ni la nieve, ni estar sobre la hora, ni tener que hacer colas interminables o pagar precios exorbitantes por un poco de maní con azúcar.

Torció los labios, escondiendo luego parte de su boca dentro de su abrigadora bufanda. Metió las manos en los bolsillos y siguió. Compró una caja de puros en el camino y una barra de chocolate: su cena navideña.

Estaba oscureciendo cuando llegó a casa. No sólo había salido tarde por palear la nieve de la entrada, sino que se había demorado mucho tiempo fuera. Y el viento frío típico de la temporada calaba sus huesos a través de su ropa, ansiando entrar al calor de su hogar y quedarse un rato al lado de la chimenea encendida hasta entrar en calor nuevamente. El calor le haría molestar menos la prótesis de su pierna y quizás, el dolor se iría un momento. Especialmente, el frío hacia que molestase mucho más y le pasaba factura, lo malo es que no la pagaba nada barata.

Entró a la casa y sacó la caja de puros, habiendo ya tirado las llaves y el abrigo que llevaba encima que iba quedando en el suelo a medida que avanzaba por la sala. Raspó el cerillo en la mesa y lo encendió dándole una buena calada. Iba a ir directo a su habitación de no haber sido por los ruidos que escuchó que venían de la cocina ¡justo lo que le faltaba! Intrusos en su casa ¿Y qué se iban a llevar? Contaba con pocas cosas de valor y consideraba que lo que él tenía de verdadero valor no iba a serles útil a los asaltantes. Eso, sí llegaban a llevarse algo. Abrió el armario de la sala y sacó algo, buscaba cualquier cosa que pudiera haberle servido de arma. Quería en realidad su bate, pero acabó con un paraguas. No iba a ponerse a rebuscar demasiado el armario buscando el bate, no quería hacer ruido, por el contrario, iba a tomarlos por sorpresa y perder el tiempo no era de mucha ayuda. En esos momentos, se arrepentía de no renovar su permiso para cargar armas. Desde que había dejado el ejército, jamás había vuelto a tocar una de ellas.

Caminó lo más sigiloso que pudo, sin hacer ningún tipo de ruido hasta llegar al umbral de la puerta. Y los escuchó, apenas un susurro, pero uno de ellos venía hacía él ¡Conocerían de lo que era capaz! Empujó el paraguas con ambas manos y apenas lo sintió acercarse y cruzar el umbral, levantó el arma y le dio un golpe con todas sus fuerzas en la cabeza derribando al asaltante. O al que él creía que era el asaltante.

Al verlo caer al suelo, su compañera corrió hacia él y se encontró una sorpresa: Jack y Kysa. Ella, ayudó a Jack a levantarse, revisando su cabeza, justo donde había recibido el golpe mientras Morgan intentaba asimilar aun lo que acababa de suceder. Los miraba y no entendía absolutamente nada.

—¡¿Kysa?! Si te había dejado en el aeropuerto— ni si quiera se dignó a mirar a Jack después de verla a ella.

—Quise darte un bonito regalo de Navidad ¡Era sorpresa! No esperaba que reaccionaras así— se excusó apenada aun por el desenlace de los sucesos. La idea general era otra: sorprender a Morgan con una bonita cena navideña con sus amigos y Marissa, la esposa de Jack que procuraba mantener el hielo en el chichón de su esposo.

Morgan sonrió y le ofreció una disculpa a su amigo sin acercarse a él, Marissa lo vio mal, más, Jack le restó importancia. Debían haber tenido en cuenta lo paranoico que podía ser él en ocasiones, especialmente cuando se trataba de alguien como él. Sus sentidos estaban alertas a pesar de llevar tanto tiempo fuera del ejército, esas cosas aún quedaban en él.

Ninguno dijo nada por un momento. Morgan miró alrededor: la decoración, la mesa puesta, el olor de la comida que hasta ahora, se percataba de ello. Sonrió y negó con la cabeza mirando al piso. Su novia, se acercó y le dio un beso en los labios, acariciando su barba al posar sus manos sobre su rostro.

—Feliz Navidad— sonrió Kysa al separarse de él y tomarlo de la mano para llevarlo a la mesa.

—Feliz Navidad— repitió él y se sentó a esperar la cena.






¿Qué tal? Sobre la hora pero llegué con el cuento XD Espero que les haya gustado. ¡Y feliz Navidad a todos! Espero pasen una hermosa noche. Cuidado con la pirotecnia, siempre habrán la sidra con el pico apuntando hacia otro lado y no tomen demás.

Bye!

 

2 comentarios:

  1. ¡Hola! Por aquí vengo a leer más sobre Morgan. Como ya he escrito en varias ocasiones me parece un gran personaje. Ahora que lo conozco un poco mejor, no me extraña que tuviera una Navidad atípica... Aunque la sorpresa no saliera como la habían planeado, menos mal que acabó todo bien XD.
    Si perdemos el control está genial. Sigue con ello.
    Un saludo :)

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    Respuestas
    1. Es que es Morgan, no podía tener una Navidad como cualquier persona normal porque él justamente, no es nada de eso XD

      ¡Cuidate!

      ¡Nos vemos!

      Eliminar

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