domingo, 10 de abril de 2016

Juntaletras: protagonistas

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien, la verdad, mi salud es un caos :D Y encima, tengo a mi amiga mensual, no me pueden salir las cosas peor en estos días. Y bueno, realmente, no sé qué pueda sacar de esta entrada que es demasiado parecida a la anterior.

No sé, creo que si seguimos hablando de personajes en el Juntaletras la semana entrante, pasaré de hacer la entrada que creo que me repetiré mucho. Por eso, no hablaré de mis personajes hoy, como para variar un poco de todo esto, sino, de los personajes y su creación a modo general.

Algo que he visto muchísimo es guías, consejos y no sé cuánto chiche más que indica cómo crear un personaje, qué debe tener sí o sí descripción física, psicológica, crecer y no sé cuánta cosa más que voy a decirlo así: simplemente no importa en algunos casos. Existen tres géneros en la literatura: narrativo —cuento, novela, microrrelato, nouvelle, etc,—, lírico —poesía, elegía, romance, canción, etc.— y dramático —obras de teatro—. Según el género que nosotros elijamos a la hora de escribir, el personaje importará o no, en algunos casos, será sólo un medio para cumplir un cometido, un secundario.

En las obras de teatro, las descripciones no existen o son prácticamente nulas, dedicadas más al ambiente y algún que otro gesto que hace el personaje —sonríe, se levanta, grita, etc., etc.—, si escribimos una obra de teatro, crearemos a los personajes en parte del diálogo, por lo que todo lo que es descripción física, no entrara aquí. Tampoco el pasado —a menos que él mismo lo cuente u otro personaje—. Y absolutamente todo lo que sabremos, será por los diálogos de los personajes. Por supuesto, las obras de teatro son hechas para ser actuadas, pero cuando una las lee, no va a encontrar información sustancial sobre físico o detalles que muchos consideran importantísimos de los personajes principales.

En la lírica, podemos encontrarnos con personajes, que llegado el caso, actuaran de una manera secundaria. Los personajes en las poesías, odas y demás, son usados para contar sucesos o demostrar sentimientos. Nuevamente, caeremos que no existe mucho de aquello que todos nos dicen que es sumamente importante e imprescindible. Algunas son cortas, casi como para mostrarnos una sola faceta del personaje, otras, nos muestran una evolución continua, buena o mala. Una vez más, caemos en que el personaje no necesita evolucionar para ser interesante. En Historias de vampiros de Mario Benedetti, tenemos al principal protagonista que es un vampiro abstemio. A lo largo de la poesía, el personaje no cambia, cambia su situación y ésta, no da para mostrar un cambio en el personaje ¡Y es perfecto! Todos se quejan de personajes planos, pero, hay géneros que necesitan de personajes que puedan ser constantes. No es que el personaje sea carente de, el personaje tiene una constancia en el relato porque el relato así lo exige. Y así, podemos encontrarnos muchísimos. La evolución de un personaje no es necesariamente, lo que hace una obra buena o mala.

Por último, nos encontraremos con la narrativa y aquí me detendré un poco más porque son dos sub géneros que mencionaré.

En el cuento, lo que prima es la acción. No importan cuánto se nos ocurra a nosotros, los cuentos sirven para contar un suceso, casi carenciendo de diálogos y descripciones —muchos cuentos ni si quiera llegan a tenerlas—. Y esto no hace malo al personaje que ejecuta la acción ni hace malo al género ni nada semejante: es propio del género. Si vamos a escribir un cuento, normalmente, nos basaremos en personajes más sencillos que cumplan nuestro cometido que es relatar el suceso. Así como la Caperucita roja. Poco se dice de la caperucita, pues, lo importante es que ella va a visitar a su abuela, el lobo se la come y se quiere comer a Caperucita/se come a Caperucita, dependiendo de la versión que leamos. Y esto, no hace malo. No estamos trabajando mal: el género nos permite obviar cosas que en otros no, porque simplemente, no importa. No importa si es alto o bajo, si es hombre o mujer, importa que hay un personaje que es capaz de desarrollar la acción.

La novela —e imagino que todos los que dan consejos irán pensando que todo el mundo escribe novela— es uno de los pocos géneros que permite crear universos completos, con personajes complejos. Es aquí donde importan ciertas cosas y me atrevería a decir que no importan todas. He leído libros con personajes maravillosos que no tenían descripción física alguna. La milicia del diablo de Llamosas es uno donde el protagonista jamás queda definido por ningún adjetivo, sin embargo, todos los secundarios son tan perfectamente detallados que uno hasta los ve. Al protagonista no. Y yo creo que muchas veces, poco puede importar si el protagonista tiene ojos verdes, si es viudo o tiene algo qué contar de su pasado o no. Mantener el misterio es importantísimo y hay personajes que no requeiren mayores explicaciones.
Me remito a una entrada anterior que hablaba de ello  y pueden ver por aquí, el misterio es parte de la vida.  Conocemos personas casi a diario, apuesto a que vivimos o hemos vivido con personas durante muchos años ¿Quién puede decir que conoce absolutamente todo sobre ellos? Me atrevería a decir que nadie ¿por qué debemos hacer personajes a los que les sepamos que tiene un lunar debajo de la uña del dedo chiquito del pie? ¿Dónde nos queda el misterio? ¿Dónde queda esas ganas de saber más? Es tan meticuloso, tan precisamente calculado que no me termina de gustar ni me termina de servir. Insisto en decir que mis personajes tienen vida y puedo atreverme a decir que a veces no sé de ellos, pero creo, que eso lo hace maravilloso. Uno tiene esa sensación de que va descubriendo con un ritmo de escritor/lector lo que va sucediendo y lo va plasmando en el papel y esto, esto es algo que no se compara en absoluto a que tengamos todo hecho y lo conozcamos de pe a pa porque no hay sorpresas, no hay alegrías, no existe esta emoción de sorprenderte mientras vas escribiendo, cuando esa escena, ese recuerdo o ese detalle que parece estúpido en su momento cobra sentido cuando vas hilvanando cosas.
Los personajes aparecen en tu cabeza en primer lugar muy pequeños, reducidos a una imagen, o una frase, o un gesto, una característica, una decisión, algo... es un núcleo sustancial a partir del cual ese personaje se va construyendo. Y lo desarrollas viviéndote dentro de él, es decir, es el personaje el que te va enseñando cómo es.
El novelista debe de ser lo suficientemente humilde como para dejar de lado su voluntad, digamos, y hacer caso a lo que el personaje le va contando de sí mismo... en algún sentido, el novelista es como un médium de ese individuo. La creación de una novela es muy semejante a un sueño. Tú no escoges el sueño que vas a tener, por el contrario el sueño se te impone. Por eso, cuando el escritor tiene verdadero talento, a veces los personajes le sacan de sus propios prejuicios. Por ejemplo, Tolstoi, que era un machista terrible y un reaccionario, escribió Anna Karenina queriendo hacer un libro contra el progreso; su idea primera era contar cómo el progreso era tan malo que incluso las mujeres se hacían adúlteras. Pero luego su personaje, Anna, le arrastró hacia algo mucho más verdadero, hacia un libro que denuncia el sexismo, la doble moral burguesa, la opresión de las mujeres. Todo eso se lo contó Anna a Tolstoi.
Rosa Montero

Crear desde cero y con tan precisión se lo dejo a la ciencia: la literatura no necesita de estas precisiones, la novela no las necesita ¡nuestros personajes no las necesitan! Deben ser ellos y mientras sean ellos, nosotros los iremos conociendo. Quizás, aprendamos un poco de ellos en los que va surgiendo todo. Quizás, nos queden dudas, pendientes o algunas cosas que descubramos o no sobre ellos, pero la magia está precisamente en eso.

El universo está lleno de misterios ¡la vida está llena de misterios! ¿Por qué ese afán de querer resolverlos todo y dejar todo absolutamente sentado? La vida no se resuelve en una hoja ¿por qué ese afán de hacerlo con nuestros personajes? Hay que dejarlos ser. Es mucho más lindo cuando queda algo en pendientes y te deja la duda, cuando todavía queda ahí por lo desconocido. La capacidad de asombro es algo que tenemos y que también se debe explotar y el afán de todo ser humano de hacerse preguntas y de que algunas queden sin respuestas.

Mi mayor consejo es que dejen a sus personajes vivir y eso, les traerá una sorpresa única, que no se compara con nada, incluso, sugeriría que no se preocupen demasiado por insignificancias, como si mide metro ochenta o setenta centímetros, son cosas que irán saliendo a medida que lo hagan y si no salen ¿Qué importa? No es algo sustancial, no es necesario que esté todo meticulosamente hecho para que un personaje sea un personaje increíble.

Yo casi estoy segura de que llega un momento en que no importa si son sencillos o complejos. Si tienen mucho qué contar o no. Cada personaje tendrá su momento de hacer las cosas y nosotros, debemos estar atentos para contar lo que ellos nos dicen, después de todo, somos una especie de intermediario entre ellos. Si quieren vivir al límite, y aunque a nosotros no nos guste, hay que dejarlos, es una especie de relación entre un padre y un hijo, que a veces, es simplemente, aceptarlo.

Para ir terminando, les dejo una cita extra:
Yo diría que creo mis personajes para que vivan su propia vida. En realidad, no soy yo quien los creo a ellos sino que son ellos quienes me crean a mí. Lo que tengo claro cuando escribo, es que quiero que los personajes vivan al límite de sus pasiones y de sus emociones. Quiero que amen, o que odien, que hagan lo que tengan que hacer, pero que lo hagan apasionadamente. Es eso, esa pasión, lo que la gente recuerda para siempre en un personaje. Pero no tengo un plan preconcebido: quiero vivir las historias mientras las escribo. Le doy un ejemplo sobre cómo es mi relación con los personajes. Es algo que me pasó: el personaje principal de Fahrenheit -obligado a quemar libros- vino un día a mí y me dijo que no quería quemar más libros, que ya estaba harto. Yo no tenía opciones, así que le contesté: “Bueno, como quieras, deja de quemar libros y listo”.
De modo que él no quemó más libros y así terminó escribiéndose esa novela.
Ray Bradbury
 Espero, tengan una bonita noche y un bonito día. ¡Feliz domingo!

Bye!

2 comentarios:

  1. Que profundo te ha salido... y real. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, ese afán de crear "formas" de escribir o "reglas" es absurdo. La escritura sale por si sola, y como dijo Rosa Montero, los personajes se van haciendo ellos mismos.
    Totalmente de acuerdo contigo y un gusto leerte como always.
    ¡Saludos y cuidate la salud!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad, iba a pasar de hacer esta entrada pero leí una entrevista de Montero y me motivé a hacerlo. Así que salió esto.

      Me alegro que hayas disfrutado leyéndolo.

      ¡Cuidate!

      Bye!

      Eliminar

¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Si quieres que dejar invitación para que pase por tu blog, pincha aquí.
Si vas a afiliar o dejar confirmación de ello, por aquí

Gracias por no hacer spam <3 Y si lo haces, ten presente de que borraré tu comentario por no estar relacionado con la entrada ¡Estás avisado!

¡Qué tengas un lindo día!

Bye!