sábado, 16 de abril de 2016

Reencuentros

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien, yo ando sin voz y con fiebre y quién sabe qué otra peste encima :,D Mi cuerpo no resiste a los cambios bruscos de temperatura sin importar cuánto me digan que uno acaba acostumbrándose —tenía un profesor que nos decia que soportar estas cosas era cuestión de entrenamiento. Yo sigo creyendo que no, pero allá esos temas (?)—.


Hace unos días me están rondando las invitaciones para reencuentros. La verdad, es algo que me rehuso a aceptar así me paguen el dinero del mundo. Dicen que es cosa de reunir a los amigos, que ponernos al tanto, que hace mucho que no nos vemos y no sé y no sé cuánto. La verdad, llega esos momentos donde me siento incómoda. Hará unos siete u ocho años que no tengo contacto alguno con nadie de esa época de mis estudios. Absolutamente nadie. En su momento, me interesé en mantener contacto, son mis amigos, los quieros y un montón de cosas por delante que me decía porque, cuando quieres a alguien, no hacen falta tiempo: te lo das.

Pero el tiempo me fue demostrando que era yo la que buscaba mucho y encontraba poco. Así, fui perdiendo el contacto con todos hasta que simplemente, me desligué y me vi con la penosa sensación de que, de algunos ni me acuerdo. Quizás, una cara, un nombre, pero si antes me jactaba de que me les sabía el nombre y apellido completo, hoy no puedo decir absolutamente nada como eso.

Y me revalsó el hecho de que hablen de juntarse con amigos. A lo largo de mi vida, he tenido pocos amigos y no fue hasta que entré a la universidad que me estabilicé con tan sólo dos amistades. El resto, siempre fueron conocidos. Uno se jacta de llamarlos amigos, pero cuando pasa el tiempo, cuando la vida te va enseñando cosas y miras a las personas que tienes alrededor, te das cuenta de que uno usa la palabra amigo tan a la ligera que da miedo. Y no es que uno tenga amigos a por montones, sino que, sólo en determinadas situaciones, aprendemos lo que significa la amistad, hasta eso, usamos la palabra a la ligera.

Recuerdo que una vez, mi profesora de japonés decía que, cuando ella enseñaba español en Japón, muchos de sus alumnos querían venir para aquí porque era más fácil hacer amigos. Y no, no es más fácil hacer amigos, cuesta lo mismo en cualquier parte del mundo, el problema es que aquí le tomamos confianza rapidísimo a las personas y cuando nos damos cuenta, habíamos depositado nuestra confianza en la persona equivocada. A lo mejor no, y la vida te da la sorpresa de que hiciste una buena elección de la persona que te acompaña, pero pasa que el montón que uno considera amigote, se disuelve y con suerte, quedan dos, uno y en el peor de los casos, ninguno. Con mi familia pasamos por varias crisis donde todos los amigos de mi padre, se borraron y no fueron años más tarde cuando nos estabilizamos que aparecieron de nuevo. Antes, si te he visto no me acuerdo. Eso me enseñó a hacer valer más a las personas que están conmigo. Y yo que por naturaleza soy más fiel que un perro, es fácil que me veas ahí aun cuando no me necesitas, pero resulta todo lo contrario cuando la tortilla se da vuelta.

El caso es que todo esto —y muchas otras cosas más— me ha enseñado a ser reacia con las personas que han decidido salir de mi vida por voluntad propia. Y sí, digo que es voluntad propia, porque cuando quieres a alguien, te preocupa y con toda la tecnología que tienes hoy en día, no existe excusa para no mandar un pinche mensajito preguntando cómo estás. Y no creo que absolutamente tengo ocupado su calendario a 24/7 para no tener un misero día, como para encontrarse con alguien a quién quieres ¿no es eso lo que hace importante a las personas? Dicen que por amor —yo hablo del amor en todos sus aspectos, no sólo romántico—, uno hace lo que sea para estar con el otro, así sea que lo veas una vez en un mes. Pero te preocupas, quieres seguir manteniendo el vínculo, más allá de todo. Pero cuando pasa tanto, pero tanto tiempo de por medio y salen las caretas de esta forma, me da cosa.

Yo rechacé y lo dije muy directamente que no me siento cómoda con este tipo de reuniones que suceden después de tantos años. Incluso, me costó mantener conversación cuando antes era tan fácil. Pero, la gente cambia. Las personas cambian. Y creo que esto sucede de manera diaria, imperceptible para quien comparte el día con día nuestro, pero cuando te encuentras con alguien que no has visto durante mucho tiempo, todo eso sale de golpe y te das cuenta de que no conoces a la persona que  tienes en frente, no porque no sabes su nombre o no tiene el mismo estilo de vestir o peinado que en otros años, sino, porque ha cambiado. La vida nos va cambiando con cada situación que nos pone el día con día y cuando nos damos cuenta, somos una persona distinta a la de hace un año. Mantenemos nuestra esencia, pero crecemos, empeoramos, mejoramos, dependiendo de las experiencias que tenga cada uno podrá ir haciendo sus propias conclusiones, pero uno surte una especie de cambio sea notable o no. Y es ahí cuando te encuentras rodeada de extraños en reuniones de éste tipo. Yo creo que incluso, sería una extraña para ellos que no soy la misma persona de hace siete años. La de hace siete años no habría rechazado una invitación con sus amigos de escuela, la de hoy, sí.

Así que creo, que es mejor seguir con nuestras vidas, conservar cerca a las personas que siguen cerca nuestros y dejar de remover en el pasado las cosas que ya pasaron, por algo transmutaron tanto que tan sólo, se volvieron un recuerdo.
No es posible regresar a ninguna parte. Los puntos de partida no se quedan quietos y a la vuelta ya no estan, para poder volver se necesita, por empezar, un punto de partida eterno e inmutable. Pero todo se mueve y no hay forma de detener el Universo. Creanme si les digo que nadie ha efectuado nunca jamas un verdadero regreso. EL hombre que lo consiga cumplira la hazaña mas grande de la historia.
Alejandro Dolina

¡Se cuidan!

Bye!

2 comentarios:

  1. Te entiendo perfectamente.
    A mi también me cuesta mucho encontrarme con gente del pasado, mayoritariamente es porque me hicieron tanto daño que les guardo tanto rencor y quiero ser mejor para echárselos en cara que me resulta... ¿doloroso? verlos. Así que evito eso, pero también porque odio que finjan que en el pasado no pasó nada, pero bueno... como has dicho, la gente cambia y ahora yo soy diferente.

    Y como dicen, si se fueron será por algo.
    Bonita reflexión.
    ¡Saludos!

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    Respuestas
    1. ¡Entiendo bien eso! Siento que es darle una segunda oportunidad a quién no se la merece, porque, seamos sinceros, las segundas oportunidades te las ganas, sí o sí, de lo contrario, no sirven.

      Un gusto leerte y compartir puntos de vista contigo <3

      Bye!

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