lunes, 25 de abril de 2016

Si perdemos el control - Capítulo 9

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien ¡tengo capítulo nuevo de esta historia! Espero que les guste cómo va resultando la novela. A mí, personalmente, me encanta escribir las aventuras de estos personajes <3 ¡Y siento que cada vez son más interesantes! Me corrigen si me equivoco (?) Es una de las novelas que más cariño le tengo a la hora de escribir <3


Capítulo 9


El caso le venía bien. Con la tormenta fuera, podría hacer más interesantes sus vacaciones aunque Jack no pensara lo mismo. Era un momento para desligarse del trabajo pero cuando te apasiona lo que haces no te terminas de desligar de ello por mucho que insistas. Morgan lo sabía bien por eso, no hacía asco a ninguna situación así. Aunque aún le quedaba el reto con Kysa y solucionar algunos temas entre ellos, tendrían tiempo, de eso, estaba seguro.

Volvieron con sus acompañantes y le contaron de la situación. Morgan dijo que él y Jack se iban a encargar de todo y les pidió encarecidamente que ambas volvieran a la habitación. Y aunque Kysa insistió en ayudarlos, él insistió mucho más en que dejar a Marissa sola iba a ser mucho más peligroso. Había un asesino suelto en el hotel y si podían estar las dos juntas y a salvo, las quería a las dos juntas y a salvo. Sin más discusiones que esa. Y así, ella bastante más frustrada que de costumbre, se dirigió a la habitación junto con su amiga. Tampoco, le quedaban muchas más opciones.

—Agradezco que te quedes, pero también sé cuidarme sola— advirtió Marissa —he vivido con un policía durante años. He aprendido una o dos cosas—.

Kysa sonrió. Aunque, eso hacía más fácil algo para ella: no iban a hablar del beso en la piscina, aunque, dormían juntos, así que iban a hablar del beso en la piscina, aunque eso implicara que le iba a dar un poco de tiempo para poner en orden sus sentimientos.

—Nos quedaremos en tu habitación. Tienes qué cambiarte ¿Qué pasó entre ustedes?— aprovechó a preguntar y en ese momento, sintió que no iba a haber tiempo para ponerse a pensar en nada ¿Qué le iba a decir? Sabía que Morgan le caía mal. Bastaba sólo escucharla hablar de que las había mandado a la habitación para sólo notarlo. Si hubiese sido Jack, otro gallo le cantara pero no, había sido él y como siempre, tenía una forma muy especial de decir las cosas y no era precisamente buena.

Ella suspiró y amarró mejor la toalla entre sus dedos antes de querer si quiera, pronunciar palabra. Su compañera la esperaba ansiosa ¿Qué le iba a decir? Ni si quiera ella estaba segura de qué decir en ese momento. Cerró los ojos y subiendo al ascensor, lo dijo finalmente: nos besamos en la piscina. Y con eso, vinieron todas las preguntas que tenían que venir ¿Qué hacían ahí? ¿Por qué la piscina? ¿Estaban locos? ¿Ella lo había besado o sólo había sido sorprendida por él? O la más importante de todas ¿Por qué él?





El muchacho los había dirigido a la habitación donde habían encontrado el cuerpo. No tenían mucho encima, en realidad, no tenían nada encima que pudieran usar para trabajar. El teléfono no servía, salvo la línea interna del hotel, fuera, no había forma de comunicarse. Los caminos estaban cerrados por la tormenta, así que tampoco había forma de entrar o salir: dependía de ellos hacer todo y de la mejor manera.

Morgan entró directo a ver el cuerpo mientras Jack pedía que cerraran el hotel para que nadie saliera por ningún lado. Así el clima fuera terrible, más le valía pecar de precavidos que luego, lamentarse por confiados. 

Una vez aclarado eso, acompañó a su amigo. Él revisó la puerta. La abrió y la cerró antes de ver la cerradura. No había nada.

—Parece que nuestro amigo conocía al asesino—

—Así que tampoco está forzada— dijo él poniéndose de pie ayudándose con la silla que había al lado —presenta rigidez cadavérica. Eso quiere decir que hace unas tres o cuatro horas que está así y recién ahora lo descubren o

—Recién ahora fingen descubrirlo— y se encogió de hombros —¿Y por qué esperar?—

—Habrá que preguntárselo al asesino. Revisa su teléfono. Yo buscare en las maletas algo que nos sirva— ordenó él mientras se agachaba a levantar una de las valijas que había en el suelo para luego, volcarla en la cama: y había ropa de mujer. Él sonrió como si eso fuera uno de sus mejores descubrimientos —vino acompañado ¿Crees que haya un tercero en medio? Explicaría porqué le abrió la puerta a quién lo haya matado—

—Buscaré al encargado— se adelantó en salir con el teléfono mientras su veterano amigo quedaba inspeccionando a su alrededor. 

—¡Y trae unos hisopos!— le grito desde la puerta para volver al interior de la habitación. 

El cuerpo no mostraba muchos más cosas que pudieran ser reveladoras a simple vista. No había cabellos de ningún tipo en su ropa y el disparo que tenía en su pecho ya presentaba sangre seca. Con un silenciador y los truenos de la tormenta, sería suficiente para poder hacer todo sin preparar mucho más la situación. Ingenioso pero no lo suficiente. Cualquier forense podría haber determinado la hora de la muerte con tan sólo ver el cuerpo en aquel estado.

Al poco rato, estuvo Jack y una mujer de aproximadamente unos treinta años. Morgan sonrió sabiendo que era justo lo que estaba esperando. Imaginaba que debía estar entre los veinte y los treinta.

Se acercó a la muchacha haciéndose paso entre los dos hombres que estaban con él y la tomó de la mano para luego, desabrochar el botón del puño de su camisa y pedir un hisopo a Jack.

—A los novatos les suele suceder esto. Los revólveres de varias piezas, tienen mayor pérdida de pólvora que los que son de una sola. Usualmente, los novatos no reparan en estas cosas, piensan en borrar las huellas del arma homicida y deshacerse de ella nada más— dijo al pasar el hisopo por su mano y viendo que juntaba los restos de la misma y veía sus puños teñidos por lo mismo —lo interesante es que no se dio cuenta de que se ensució las manos, probablemente, pensando en que había matado a un hombre o por estar revolcándose con su amante. Deténgame si me equivoco— soltó sin tacto alguno dejando a la mujer sin palabras antes de que quitara su brazo de golpe de las manos del detective —puedes guardarlo para el forense, pero no creo que haga falta. Ella pronto llorará, se lamentará y confesará— le dijo a su amigo dejándole el hisopo en las manos.

Las piernas de la mujer temblaron y casi cayó al suelo si no hubiese sido por el encargado que la sostuvo. Quiso soltarse e irse, pero Jack la detuvo. Ella, había quedado sin palabras: ni mentía ni dejaba de mentir. Había querido irse pero no podía después de semejante acusación.




La llevaron a una habitación que quedaría a custodia de ambos mientras la policía local llegaba hasta ahí. Aunque primero, querían saber si había un cómplice para llevar a cabo todo. Intentaron que ella hablara más, tan sólo había permanecido en silencio hasta que luego, se largó a llorar repitiendo que podría haber salido mejor.

Jack y Morgan se miraron sin llegar a conseguir nada, dejándola sola en el cuarto hasta que al fin, abrieron las carreteras dos horas más tarde para que la policía la llevara fuera. Más, tenían vallado el hotel no sólo para sacar el cuerpo y llevarlo a la morgue sino porque, posiblemente, hubiera alguien más detrás de todo y debían encontrarlo.

Morgan dejó a Jack haciéndose cargo de poner a la policía al tanto. Todo había resultado demasiado sencillo como para que se preocupase por lo que seguía. Probablemente, se hubiera divertido mucho más si había un verdadero reto tras aquella muerte, pero era tan obvia como aburrida, con el respeto del difunto. Aunque aún le quedaba el cómplice, primero, quería ir a su habitación. La pierna le dolía y el clima, hacía que el dolor fuera mucho más fuerte y molesto que de costumbre. Aunque no había nada qué hacer con ello, los dolores fantasmas eran comunes en ese tipo de situación que él se encontraba en que sentía el dolor en la pierna que no tenía. Nadie lo explicaba, tan sólo, daban un calmante fuerte esperando a superarlo. Él, tenía algo más en mente.

Abrió la puerta de su habitación y encontró a Kysa y Marisa hablando mientras la televisión estaba encendida y ellas, bebían un trago de la cantina.

—Tú, puedes volver con tu esposo. Ya terminó tu turno con ella— dijo confiado ofreciéndole la mano a Kysa para largarse de allí.



Marissa bajó luego de que ellos se fueron, buscando a Jack. Definitivamente, nada de eso era parte de las vacaciones que había planeado. Una tormenta, un asesinato y Morgan en el medio ¿podía resultar peor? Sí, podía resultar peor. Llegando a la puerta, vio un amontonamiento de personas mirando al cielo. Su esposo estaba entre ellos por lo que no dudó en salir de allí preocupada de lo que estuviera pasando.

Al ver a la policía llegar, había entrado en pánico. Se encerró en su habitación, pensando que podía huir por la ventana, aunque estaba en un séptimo piso. No habían tardado en deducir su complicidad con la mujer que habían arrestado, sin embargo, aseguraba que, si no se iban todos, él saltaría.

—Morgan dijo que eran novatos. Aunque, personalmente, creo que está loco— le explicó a su esposa.

La sirena del camión de bomberos se sintió más de cerca hasta que al fin, bajó un grupo de seis hombres, uno de ellos, hablando por un megáfono intentando calmar al presunto homicida y ahora, suicida.

—Díganle que no lo acusaran— sugirió Jack al que creyó, era el encargado del cuerpo de bomberos.

—No podemos hacer eso

—Pueden decirlo, no deben ponerlo en práctica. Una vez que esté en el suelo, se olvidan de ello. Es eso o tener a otro muerto encima—dijo serio Jack. Era cierto que era una estrategia vil para conseguir que no se lanzara pero, si lo conseguía ¿importaba? Lo salvarían y en cuanto pasara su reacción por el pánico del momento, las cosas podrían tomar otro rumbo. Además, aún tenían que tomarle declaración a la mujer y ella, parecía reacia a hablar. Si él estaba dispuesto a hacerlo, no podían permitirse menos.





—Creo que aún no podemos salir ¿te invito un trago?— le dijo Morgan mientras se sentaban en una mesa de la cafetería que había en el hotel. Aun había personas allí a las que no les importaba en lo más mínimo lo que estaba sucediendo fuera. Se harían cargo las autoridades, entre ellos,  se sumarían los dos.

Kysa aceptó. Había tenido todo el día para pensar sobre el beso que se habían dado en la piscina. Su trato, la relación que había entre los dos, no profesionalmente, sino, aquella amistad con derechos que había quedado entre ellos desde que habían roto sin romper. Las palabras nunca hicieron falta, pero lo daban por hecho a ello. Así como daban por hecho que había química entre los dos que iba más allá de un revolcón rápido en la cama.

—Me debes todo el día de mañana— dijo ella sonriendo, colocando sus manos sobre la mesa.
Él arqueó una ceja sonriendo con picardía.

—¿No te interesa saber qué pasó?

—Te conozco lo suficiente como para saber que si no estás entre la multitud que vimos antes, es porque no había mucho qué hacer o que te interesara hacer ¿no es así? Por eso, dejaste todo a Jack. Él siempre acaba pagando tus penas— le reprochó sin dejar de mirarlo fijamente. Él no dijo nada, sabía bien lo que hacía pero prefería no estar en esas cosas. Le gustaba su profesión porque suponía un reto para él y cuando no ¿por qué hacerlo? Ahora, había resuelto el caso sin mayores problemas, aunque no lo había disfrutado como algunos otros donde había mucho más que investigar de por medio. Con suerte, podrían haber llegado a detener a la mujer antes de que matara a su novio, esposo, amante. No supo qué eran y tampoco estaba seguro de querer saberlo: no había nada de emocionante en ello.

Pasaron la noche hablando y bebiendo. Poco a poco la gente comenzó a llegar nuevamente al lugar, colmándose de música, murmullos y sus amigos que se sumaron a su festejo después de un largo ajetreo con el trabajo.

Habían convencido al hombre de que bajara sin oponer resistencia para luego, ser llevado a la comisaría. No quedaba más que simplemente, ir despejando el lugar para al fin, volver a sus vidas normales.



El matrimonio había sido el primero en irse para dejar a la pareja de detectives en la mesa con la advertencia de que fueran pronto a su habitación, que Jack mismo iba a ir a buscarlos si en media hora no estaban ahí. Ambos lo despidieron jocosos, bastante picados para al final, después de un rato de reírse de quien sabe qué, se pusieron de pie y se fueron directo al cuarto que compartían.

Morgan rodeó la cintura de Kysa con su brazo al ver que apenas podía mantenerse en pie gracias al alcohol hasta que llegaron a la habitación y ella, se desplomó en la cama, tomando a Morgan del brazo e insistiendo que se quedara con ella, hasta que lo jaló tan fuerte que lo hizo caer a su lado en la cama, entre risas y susurros poco entendibles, le dijo algo que apenas pudo llegar a distinguir: sólo su nombre. Y así, ella lo abrazó y se quedó dormida en el pecho de Morgan, sin darle lugar a que él se levantara y se fuera de la cama.




Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan! 

Bye!

2 comentarios:

  1. Oh, un crimen pasional, esos son los más escabrosos, se pueden sacar tantas cosas. ¡Aish mi Morgan! Como le quiero, aunque ésta vez se ha contenido más... ¿qué tendrá en mente?
    Jojojo
    Espero el siguiente con ganas.
    ¡Cuidate!

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    Respuestas
    1. De hecho, me ha gustado mucho como ha quedado el capítulo XD Quien sabe que haga Morgan como próximo paso (?)

      ¡Cuidate!

      Bye!

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