martes, 4 de julio de 2017

52 días de escritura: día treinta y tres

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. He tenido una semana dura. Me robaron el miércoles, por lo que estaba indignadísima ¿pueden creer que me robaron estando un policía apenas en la esquina? Si había cincuenta metros, era mucho. Decir que no llevaba nada importante encima como D.N.I y esas cosas —aunque me dolió muchísimo la tarjeta del colectivo, que estaba recién cargada—, pero ya es un mal momento y una bronca terrible por estos amigos de lo ajeno y la justicia que es tan inútil que da vergüenza ajena. Pero tampoco voy a entrar en éste tema que es frustrante.

Retomo un poco el reto de escritura que ha estado junto polvo y telarañas, así que es hora de que resurja (?). Y no es un reto fácil que no suelo escribir cuentos que tengan su escenario debajo del agua, sí puede estar partícipe el elemento, pero la verdad, no había pensado en ello.

Y como buena persona común y corriente, lo primero que pensé fue en barcos hundidos y sirenas —cualquier cosa, es culpa de Disney (?)—, más, retomando un poco a personajes de una historia de la que les he compartido varios cuentos de Mientras duerme el sol

Día treinta y tres: Realiza una historia que tenga lugar en el fondo del mar.



—Encontré algo para pasar el tiempo— dijo Francis dejando una fotografía de un barco sobre la mesa. Johann la tomó en sus manos y Maya se estiró sobre su hombro para poder verla también.

La cafetería en donde estaban estaba desierta, sólo ellos tres en una de las mesas, el mesero que esperaba al lado de la barra que llegara algún otro cliente para atenderlos y la cajera que jugaba con su celular sin prestarle atención al resto del mundo.

—¿Qué con eso? ¿Perseguimos un barco fantasma con nombre de postre?— Preguntó Maya tomando la fotografía en cuánto su hermano se la ofreció. No le veía nada de especial al Imperial ruso.

—Es un museo. Cuenta con varios objetos antiguos, algunos rescatados desde el fondo del océano. Unos se restauraron, otros se exhiben tal cual fueron encontrados—.

—¿Y?— Johann se estaba impacientando mientras le echaba la cuarta cucharada de azúcar a su café, siendo Maya quién le quitara el frasco antes de que terminara haciendo un almíbar con ello. Aunque esto no lo tomó a bien, ya que intentó quitárselo sin éxito.

—Tres personas han muerto ya. No hay arma homicida y ni una sola huella— y fue suficiente para que su pelea por el azúcar acabará ahí, volviendo más interesante todo.

—¿Un fantasma?— Preguntó ella llamando al mesero para que se llevara el azúcar de la mesa —morirás de un pico de azúcar si no te moderas— lo regañó ella metiéndole la mano en el bolsillo de la chaqueta para quitarle aquellos sobrecitos que siempre tenía consigo, sabiendo qué es lo que se enfrentaba al tener a Johann cerca.

—Soy tu hermano mayor. Puedo morir de la forma que yo quiera— dijo frustrado dándole un sorbo al café sin estar a gusto aun.

Maya sonrió triunfalmente cuando vio su gesto dejando la fotografía en la mesa para terminar su desayuno.

Irían en la tarde, que el barco tenía hora de salida para ese día y Francis ya había comprado los boletos aun a queja de Johann, quién no era de los más asiduos a un viaje en un barco. El mar no era algo que realmente le gustara. Si terminó cediendo por completo, fue porque Maya lo mandó a quedarse en el hotel por su miedo al agua. Y eso fue todo lo que necesitó para demostrarle que no tenía miedo, aunque se sentía bastante arrepentido al estar en el barco ya.

Esperaron a que las exhibiciones quedaran cerradas para poder ingresar sin gente que los interrumpiera. Aunque había guardias en el ingreso a las salas del barco y algunas, que no les eran permitidas el acceso al estar reservadas sólo para la primera clase. Pero con la ayuda de Johann, usando su don de la hipnosis, lograron pasar y prohibir la entrada a nadie al lugar, incluso, habían convencido al guardia de apagar las cámaras durante el tiempo que ellos estuvieran dentro, no podían arriesgarse a que sus rostros quedaran grabados en las cámaras de seguridad, no con la policía siguiéndole los pasos por la desaparición de su madre y su abuelo.

La habitación estaba casi en las penumbras salvo por las linternas que ellos llevaban consigo, al ser una exposición cerrada y acabado el tiempo de visita, no había razón para facilitar la entrada ahí, aunque los brujos tenían varios trucos bajo la manga.

Maya sacó una joya de color azul con una cadena de plata, la cual, fue acercando a los objetos. Era una perla hechizada que podía detectar la presencia de las almas en pena, mucho más efectivo que los detectores de fantasmas que podían confundir con las señales eléctricas un espectro, la ventaja de esto es que era seguro que si había un espíritu allí, iban a encontrarlo.

—Es la última sala y aún no hemos visto nada— dijo Francis sin mucho entusiasmo. Habían dado una vuelta completa a todo sin lograr ningún tipo de reacción en la joya hasta ahora.

—¿Y si es una persona? En las películas siempre hay un asesino que no deja huellas. A lo mejor, aun no hemos encontrado esa huella— conjeturó Johann mirando a su alrededor, tomando en manos una caracola de oro —¿Por qué alguien necesita un adorno así?— Preguntó mirándolo por todos lados. Sus hermanos sólo se encogieron de hombros y finalmente, dieron su búsqueda por finalizada.

—¿Y si nos equivocamos? Dimos por hecho de que era un fantasma al no haber huellas en la escena del crimen, pero ¿podría ser algo más?—

Era la única posibilidad que les quedaba a la que podían enfrentarse, así que no tuvieron más que analizar muertes un poco más detenidamente para saber qué es lo que tenían en común las tres víctimas, lo que les daría una pista sobre lo que estaba sucediendo en el museo.

Johann sacó la computadora portátil de su mochila y la encendió mientras Fran sostenía la linterna, Maya daba una vuelta por la zona en donde decían, habían aparecido los cuerpos sin vida.

—Muchachos, vengan aquí— los llamó asomándose por el umbral que conectaba dos salas cuando vio un hacha de metro y medio saltando hacia ellos —¡Al suelo!— Gritó y lanzó una bola de fuego de sus manos hacia donde estaba el hacha, logrando que retrocediera gracias a ello y dándoles tiempo para escapar de ahí.

El arma era enorme y estaba algo oxidada en el filo y la inscripción que estaba sobre el manga, más, lo interesante es que tenía como un par de piernas que salían de las altillas de la madera y un ojo en la hoja metálica, con un párpado oxidado.

—¿Qué diablos es eso?— Gritó Johann sorprendido llegando hasta donde estaba su hermana menor.

—No tengo idea, pero parece que el fuego no le hace nada. ¡Corran!— Ordenó Fran dándoles un leve empujón en la espalda para que apresurasen el paso donde pudieran protegerse, al menos, hasta averiguar cómo vencerlo.

Llegaron a la primera sala y se escondieron detrás de un auto de los años sesenta, quedando Johann asomándose esperando que no apareciera de nuevo, al menos, no hasta que tuvieran un plan que pudieran llevar a cabo.

—Muy bien, no volveré a subir en un barco con ustedes dos— respiró Maya agitada —encontré esto donde estaba el primer cadáver, son astillas de madera, estaban a los bordes del zócalo y creo que ya sé de quién es— dijo entregándole el pañuelo donde las había juntado cuando el hacha apareció lanzándose sobre el auto, quedando clavada en el capó del mismo, dándoles tiempo para correr.

Francis usó la telequinesia para mover el auto y mandarlo contra la pared, logrando que el hacha quedara aun más enterrada en el metal. Aun así, no había sido suficiente para detenerla, que en cuanto el auto cayó al suelo, logró zafarse de él y salir en su caza nuevamente. Era uno de sus enemigos más peculiares y fuertes, pues, hasta ahora, nada le servía para detenerlo.

—Chicos— dijo Johann preocupado llevando la caracola en la mano —tenemos un problema más grande todavía— se detuvieron viendo que la caracola estaba perdiendo agua. Comenzó como un hilillo que apenas mojó el bolsillo del muchacho más ahora, salía un chorro que iba aumentando la cantidad y la fuerza, llegando a cubrirlos rápidamente sin que pudieran escapar del agua que los había aprisionado a los tres.

Lejos de lo que esperaban, se vieron en una burbuja debajo del agua. Todo había cambiado para ser ahora, no la sala de exposición, sino, el fondo del océano. Contrario a lo que habían estado esperando, no se estaban ahogando y no tenían idea de cómo había sucedido todo de manera tan repentina y por culpa de la caracola que Johann aún tenía en su poder.

—No sé si agradecerte o golpearte— respiró sonoramente Maya mirando a su hermano sin saber cómo debía reaccionar. Se habían salvado momentáneamente, pero ¿era para mejorar o no? Hasta ahora, si su medio de transporte llegaba romperse, verían una muerte segura.

—Primero lo primero: ¿por qué estamos en una burbuja en el fondo del océano?— Preguntó Francis apoyando la mano en la pared con algo de miedo y sus hermanos que habían dejado de respirar momentáneamente al ver lo que estaba por hacer.

Un suspiro de alivio se escuchó cuando notó que a pesar de que parecía ser una superficie blanda, era bastante resistente que hasta se había animado a darle un par de golpecitos, comprobando que era de un material sólido, por la textura, parecía una resina ¿realmente lo era? Con sus vidas tan pobladas de cosas raras y fuera de cualquier explicación lógica, no les sorprendería saber que así era.

La burbuja se dirigió por el mar, saltando rocas, viendo a los cardúmenes de peces y animales marinos que no habían pensado encontrar nunca. Hasta vieron pasar a un tiburón en las profundidades, siendo ignorados por el mismo. Sí sabían es que los estaba dirigiendo a algún sitio por alguna razón que no conocían.

—Parece un tour pero sin el guía— dijo Johann sentando en el suelo con las piernas cruzadas y una cara de aburrimiento terrible. Tampoco podían moverse demasiado ahí por ser un espacio reducido y mucho menos, tenía algún tipo de señal como para intentar usar su computadora para resolver las cosas por ese medio. Todo lo que podían hacer era esperar pues, habían pensado que llevar a cabo algún tipo de hechizo, podría costarle la vida, después de todo, tampoco conocían exactamente cuánto era capaz de resistir la burbuja y no estaban en condiciones de averiguarlo tampoco.

Entre los restos de un bote, se detuvo bruscamente, haciéndolos tambalear por la forma de frenar. La burbuja desprendió una luz brillante que alumbró los restos del bote. Ahí se podía ver la madera podrida y roída por el agua y el tiempo y un esqueleto que estaba atado a la misma, como si hubiese intentado sobrevivir a una tormenta en el océano sin éxito alguno.

—¿Qué se supone que debemos hacer con eso?— Preguntó Maya contrariada. Lo último que les faltaba a ellos es hacer un tour en el fondo del océano para ver huesos. Como si no vieran demasiados en tierra.

—No lo sé ¿Querrá que lo busquemos?— Dijo Francis y la burbuja se sacudió un poco cuando hizo semejante pregunta —¿Debemos tomar eso como un sí?—

—¿Y qué haremos con eso?—

Los tres se encogieron de hombros. Lo usual sería deshacerse de los restos, pero no entendían la razón para ello. Sin embargo, parecía que era la razón por la que debían estar allí: rescatar el esqueleto del fondo del océano.

—Iré yo. Dame tu navaja— extendió la mano hacia Johann aún sin saber cómo salir y volver a entrar, pero si lo que quería era eso, quién sea que estuviera controlándolos iba a ayudarlos a que fuera de esa manera. Al menos, al brujo no le quedaba más que confiar en que iba a suceder de esa forma y no que iba a terminar ahogándose con el cadáver antes de si quiera poder volver.

—Pero puede ser una trampa— dudó su hermano antes de entregarle el objeto punzante.

—Podría ser. En todo caso, estamos atrapados aquí, si eso puede llevarnos de nuevo arriba, hay que intentarlo—

Ninguno pudo decir nada ante ello. Francis era terco, como todos en la familia, era algo hereditario que cuando algo se metía en su cabeza, no había fuerza humana o divina que los detuviera. Así, vieron al frente como la burbuja empezaba a moverse, como su fuera a bullir. Francis apoyó su mano sobre esa zona y atravesó la pared, sintiendo su mano húmeda al estar en el agua. Tomó aire y se impulsó contra el muro, saliendo de él con rapidez, comenzando a nadar hacia el bote hundido.

Maya y Johann lo veían nervioso desde la burbuja. En un momento, ella se negó a permanecer allí, siendo detenida por su hermano antes de que hiciera una locura. No necesitaban tener más problemas por ahora ni causarle uno mayor a Francis que ya demasiado tenía luchando por soltar las amarras.

En cuanto lo tuvo en mano, procuró tomarlo con delicadeza, la suficiente como para no desarmarlo y tener que volver a nadar para conseguir algún hueso desencajado que la corriente arrastrase lejos de ellos.

El aire comenzaba a escasearle, haciendo un movimiento involuntario que acabó haciéndolo perder casi lo poco que le quedaba, generando varias burbujas a su alrededor. Pero aun así, siguió apresurándose todo lo que su cuerpo le permitía al estar bajo el agua y con tanta presión en su cuerpo. Nadar allá abajo no era nada fácil, menos, siendo tan cauteloso.

Apenas llegó a la entrada, Johann lo tomó del brazo y lo jaló al interior, sintiendo la respiración agitada de su hermano por la falta prolongada de aire.

Maya hizo al lado al esqueleto dándole espacio para que se sentara, cuando de repente, se vieron en la habitación del barco. El piso estaba mojado debido a Francis y al lado, residía con ellos los restos que habían rescatado del fondo del mar.

Miraron a su alrededor y Johann se animó a recorrer la habitación, golpeando la pared para confirmar que era real todo lo que estaba sucediendo a su alrededor.

—Esto nos supera incluso a nosotros— se quejó molesta Maya buscando unas toallas. Su hermano estaba helado y no era para menos después de lo que había pasado en tan poco tiempo sin que llegaran a entender todavía cuál era la gran misión que tenían —Johann, tira eso antes de que acabemos quién sabe dónde de nuevo— lo señaló por la caracola que antes había comenzado a actuar raro ¿realmente sería que las cosas del barco estuvieran malditas? Por ahora, la teoría que podían manejar bien era esa, así que debían encontrar el origen de la maldición, algo que no era sencillo ni si quiera para ellos, mucho más cuando había tantos objetos con una historia detrás en el barco. Podría llevarles mucho, incluso, un viaje podría no ser suficiente.



Iba a ser un sólo cuento pero me di cuenta que es larguísimo así que lo dividí en dos partes. Mañana publicaré el final -de paso, un poco más de suspenso (?)-.

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!

8 comentarios:

  1. Me ha gustado , a ver como haces el desenlace , que las cosas dentro de aquel barco fantasma estén malditas es muy misterioso ...
    Un besazo cielo .

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    1. ¡Gracias! Las maldiciones son muy interesantes para los cuentos.

      ¡Un abrazo!

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  2. Que riesgos resultó tener la investigación paranormal de ese barco museo. Y que intrigante. Estaré atento al desenlace.
    Un abrazo

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    1. Demasiado, hay que pensarlo dos veces en general, antes de hacer una investigación, que de una u otra forma, siempre hay algún peligro.

      ¡Un abrazo!

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  3. Por lo menos no te paso nada, eso es lo más importante. Los maleantes están a la orden del dia. Hay que estar prevenidos.

    Una profunda aventura acuática. Me gusto mucho la trama de este barco fantasma. Me he imaginado esa burbuja marina con los protagonistas dentro, y ese atrevimiento de Francis al salirse. Muy buen capitulo.
    !Abrazo!

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    1. Sí, al menos, puedo decir que las perdidas fueron solamente material y nada más. Aunque la indignación queda XD

      Me alegra que te gustara. Me encantan los barcos y la consigna me resultó complicada como para no caer en lo típico XD

      ¡Un abrazo!

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  4. (。◕ ‿ ◕。)/ Holaaa!!!
    Buenísima aventura acuática la has manejado muy muy bien! espero que te estés sintiendo mejor y que no tengas mas malestares

    Espero puedas pasarte que estés bien!

    穛 S4Ku SEK4i®

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te gustara que me costó saber por donde encarar el reto <3

      ¡Gracias por tus buenos deseos!

      ¡Un abrazo!

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