miércoles, 5 de julio de 2017

El alma de las cosas — Parte II

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Lo sé! Dos días seguido publicando, pero tenía que pasarme con el final del cuento de ayer. De paso les cuento que me sume al Campamento de NanoWrimo y espero llegar a cumplirlo. De momento, espero retomar un poco la costumbre y escribir una hora a diario. Iba a ir por dos, pero me pareció muy ambicioso (?) así que lo modifiqué a último minuto, así me esmero día con día, aunque hasta ahora, voy bastante flojita (?) Pero tengo hasta fin de mes para llegar, sino, será el mes siguiente, que siempre hay un mes por delante (?)


Mientras ella iba por un café, Johann quedó buscando sobre maldiciones y objetos que pudieran tener semejante habilidad. Pero no halló nada. Internet tenía absolutamente de todo, por eso, le resultaba tan frustrante cuando no hallaba algo tan necesario ahora.

Intentó de varias formas y se lamentó de no tener la biblioteca de su abuelo que con ello, seguramente, podrían haber encontrado algo útil, después de todo, había pasado toda su vida viajando y estudiando a cada criatura con las que se había encontrado, debía tener un registro de cosas que cobraban vida. Y pensando en ello, terminó por probar con algo tan simple como eso. Después de saltar más de cien resultados sobre muñecas que cobraban vida, películas de terror basadas en historias reales, siempre con una muñeca asesina por detrás, decidió tomarse un descanso ¡jamás iban a encontrar nada al respecto!

—¿A quién llamas?— Preguntó Johann al ver que Maya marcaba en su celular.

—A Ciro, ha vivido durante siglos, debe tener alguna idea de esto—

—¿Estás segura de que ha aprendido a manejar el celular ya?— Agregó Francis poco esperanzado. No hacía mucho que lo habían sacado de la cueva y lo habían prácticamente lanzado al mundo exterior sin que tuviera la más pálida idea de lo que era la nuevas tecnologías.

—Esperemos que encuentre el botón para responder— musitó mordiéndose la uña del dedo pulgar en lo que empezaba a caminar nerviosa por la habitación sin obtener nada.
Intentó seis veces hasta que en la séptima, logró escuchar la voz de Ciro:

—No sé por qué estás sonando ¿Te has descompuesto?— Le preguntó Ciro al celular y se escuchó en la habitación por el altavoz.

—Ciro, soy yo, Maya. Es una llamada— le explicó aunque dudaba que fuera a entenderlo. Aún creía que se tendrían que haber quedado un tiempo juntos antes de que se fuera, pero era difícil luchar con un carácter como el de él —necesitamos de tu ayuda. Seguro puedes tener acceso a los archivos del abuelo si vas a la cabaña del norte ¿podrías buscar sobre objetos malditos o que cobran vida? Tenemos un pequeño problema en el barco—
—No te olvides de la contraseña— le recordó su hermano mayor mientras seguía en la computadora.

—¡Es cierto! Debes cantar ‘Rock you like a hurricane’ cuando estés en la puerta. No preguntes, cosas del abuelo— cortó rápidamente con el tema —¿puedes llamarnos en cuanto sepas algo?—

—Sí, lo haré— pero aun cuando tenía esa confirmación, Francis le hacía seña de que seguramente, no iba a encontrar el método, así que era más seguro que ellos lo llamaran.

—Mejor te llamo en ¿dos horas?— se corrigió ella y dicho esto, terminó la conversación al sentir el tono del otro lado. Le  había cortado sin más, probablemente, se habría equivocado de botón, pero no importaba, al menos, el mensaje estaba dado.

—¿Estás segura de que va a saber qué canción es? El abuelo la cantaba siempre, pero Ciro es… peculiar— decía Francis enlazando sus manos al sentarse en la silla frente a ella. Un pequeño detalle que no había tenido en cuenta, hubiese sido más fácil cantarle el fragmento que decirle el nombre de la canción, pero confiaba en que iba a poder hallar la forma de entrar ¿no es así? Era un fénix después de todo.









Casi amanecía y aun no lograban tener nada de información de Ciro. Habían intentado llamarlo varias veces sin tener éxito alguno. Ya no sabían qué más podían hacer y contaban aun con el esqueleto en la habitación, por lo que no podían abandonarla ¿qué harían si entraba un empleado? Porque viajar con restos humanos en mal estado es de lo más común.

—¿Qué haremos con él?—Maya decidió cubrirlo con una manta. Le daba impresión verlo ahí.

—¿Crees que estén relacionados al barco?— Johann se dejó caer en la cama de espaldas, el aburrimiento y la falta de respuestas lo tenían mal.

—Es mucha coincidencia para pensar que no es así ¿Cuándo las cosas raras que nos suceden no están relacionadas?— Dijo Francis poniéndose de pie, dispuesto a ir a buscar algo de comer, fue cuando Ciro se le apareció en frente, apenas un paso de distancia entre los dos, tomándolo por completa sorpresa —¿Cómo…? ¿Por qué? ¿Cómo es que apareces así?— Logró articular al fin una frase completa.

Sus hermanos habían reaccionado de una manera similar, irguiéndose rápidamente en sus sitios.

—¡Encontré algo!— Exclamó con alegría. La expresión de felicidad quedaba reflejada en sus ojos rojos mientras levantaba la mano con un viejo libro cosido a mano, entregándoselo a Francis al estar más cerca.

—Más importante ¿desde cuándo puedes teletransportarte?— Volvió al tema Johann, los muertos y las cosas podían esperar ¡Tenían a un fénix que podía hacer semejante cosa! No podía quedarse con la duda.

—Siempre he podido hacerlo, pero olvidé cómo hacerlo— explicó con tal tranquilidad que les resultó irritante.

—¿Cómo te olvidas de una habilidad natural?— Preguntó Maya y Ciro acabó encogiéndose de hombros.

—No siempre recuerdo todo. Hay baches en mi memoria, a veces se llenan, a veces, no—

—Nos encargaremos de tu amnesia en cuanto acabemos con esto— Interrumpió Francis leyendo el cuaderno de su abuelo —tenemos que empezar a conseguir varias cosas para el hechizo. Tenemos que ir a la cocina y vamos a necesitar organizarnos— comenzó a poner orden en la habitación —Ciro, necesitamos que alguien vigile la habitación. Si algún encargado entra, tienes que esconder el esqueleto. No importa dónde, sólo escóndelo— y estaba a punto de seguir con sus hermanos cuando volvió a mirarlo —pero mantenlo completo. Puede que lo necesitemos luego— aclaró por si las dudas o iba a tener que emprender la búsqueda de los restos también —Maya, necesitaremos entrar a la cocina. Los distraerás, Johann y yo revisaremos la despensa—.

—¿Por qué no pedírselo a Ciro?— Preguntó Johann y al ver que tocó el cráneo y éste rodó por el suelo viendo el vano intento de colocárselo de nuevo sin éxito supo que su pregunta había estado demás —olvida lo que dije—.

Salieron de la habitación con una mochila para cargar las cosas que iban a necesitar. Iban a necesitar ir con cuidado después de todo, había cuatro cocineros allí, al menos, los que estaban en la cocina, por lo que iba a ser una tarea ardua.

—Yo puedo deshacerme de uno o dos— dijo Johann pero Maya tenía una mejor idea, empujándolos hacia un lado para ella hacerse cargo de todo.

Se aclaró la garganta y pegó un grito tan fuerte que hizo que uno de ellos terminara volcando la preparación con bowl y todo. Los cuatro salieron de la cocina encontrándose a Maya llorando en el pasillo. Al estar en un sector poco concurrido más que por los empleados, sólo ellos estaban para hacerse cargo de la situación.

Los muchachos corrieron dentro y se metieron al pasillo que daba a la despensa revisando rápidamente la lista y buscando entre los estantes las hierbas que iban a necesitar. Sólo esperaba que pudieran conseguir todo.

Intentaron calmarla, hacer que les contara lo que le sucedía, cuando ella gritó que alguien la perseguía, aferrándose al brazo del que iba a buscar al personal para que se hiciera cargo de Maya. Necesitaban ganar tiempo y no estaba segura de que Johann pudiera hipnotizarlos nuevamente, después de todo, aun no se manejaba demasiado bien con ello, así que era mejor ir por lo sano.

—Ustedes encárguense de ello. Yo iré a limpiar y seguir con la cena. Pronto comenzaran a presionarnos— dijo uno de ellos abriéndose del grupo. Pero no podía permitir que eso sucediera. Se presionó a pensar y lo único que se le ocurrió fue quemar algo. Se concentró en la puerta de personal haciendo que las llamas emergieran del suelo y llegaran a la mitad de la puerta. El pánico ocasionado por el fuego hizo que rápidamente se olvidaran de ella y corrieran por los extintores, vio salir a sus hermanos y tomó carrera por el pasillo junto a ellos, disminuyendo el fuego al hacer un movimiento de su mano, dejando consternados los cocineros.

Se fueron tan rápido como pudieron, intentando no levantar más sospechas de las que podrían haber causado ya. En cuanto llegaron a la habitación, pudieron respirar con completa calma.

Vaciaron las mochilas, que habían sacado algunas cosas extras para poder hacer el hechizo y el talismán.

—¿Y Ciro?— Preguntó Maya al salir del baño al no ver al fénix en la habitación.

Dejaron las cosas sobre la mesa de noche que habían vaciado para llevar todo a cabo.

Francis se peinó con los dedos molesto: ahora tenían que encontrarlo. Lo peor es que no tenían ni si quiera una pista de qué es lo que podía estar pasando por la cabeza del hombre como para saber dónde buscar.

—Supongo que tendremos que esperar a que regrese— suspiró cansado volviendo al conjuro —si no terminamos con esto y encontramos la conexión entre todo esto, posiblemente, muera alguien más— fue serio Francis al decir eso, entregándoles el libro de su abuelo para que le leyeran el procedimiento.

—¿Qué se supone que haremos con esto?— Preguntó Maya.

—Según el abuelo, los tsukumogami son objetos que cobran vida al cumplir un siglo. Si hacemos el hechizo, lo comprobaremos. Aunque puede ser difícil llevarlo a práctica cuando un hacha nos persigue— explicó Francis.

—Pero son dos los que vas a hacer— intervino Johann

—Tenemos el esqueleto con nosotros y esa caracola. El abuelo me enseñó hace tiempo, un hechizo para invocar un recuerdo de los restos de una persona. Posiblemente, haya sido el dueño de todo y eliminarlos juntos sea la clave para exterminarlos. Pero sólo podemos hacerlo una vez, así que mejor estar seguro de ellos—

—¿Y por qué te enseñó eso a ti?— Johann estaba algo indignado de que sólo le hubiese enseñado a él el hechizo, acercándose a ver más de cerca todo.

Francis mostró una discreta sonrisa en sus labios, remangándose la camisa, como si escondiera algo detrás de esa mirada lo que les causó más intriga a los dos.

—Es un hechizo prohibido. Para hacerlo, debes dar la mitad de tu energía para darle vida a esos recuerdos. Es peligroso—

 Y fue suficiente para que intentaran impedirlo más, el celular de Maya sonó, acabando por suspender la discusión momentáneamente: era Ciro. Sentía que era una cosa increíble que hubiese llamado, contándole que habían ido a cambiar las sábanas de la habitación, toallas y otras cosas, teniendo que salir rápidamente de allí, pero les aclaró que el esqueleto estaba en perfecto estado, aunque aun llevaba el cráneo en sus manos. Maya quiso decirle que no llegara, pero en cuanto Francis le quitó el teléfono y le dijo que volviera, Ciro apareció ante ellos como si nunca se hubiese ido.

Tenían ganas de gritarle un par de cosas, obviándolas al saber que no iban a llegar a nada con ello. Por ahora, debían concentrarse en lo importante: limpiar el barco de todo ente sobrenatural.

Retomando el conjuro, comenzó a recitar el fraseo cuando la luz se fue. Ciro, aprovechando que estaban ellos solos, dejo que las llamas aparecieran en su brazo, creando su propia fuente de luz de esa manera, aunque se vera como un humano, seguía siendo un fénix, uno muy torpe, por cierto.

—Creo que tenemos un problema mayor— dijo Maya al ver que los restos habían desaparecido del lado de Ciro

—Fran, termina eso pronto— Johann corrió buscando el bolso para sacar sus armas al ver que el esqueleto que hasta ahora venían cuidando, s había erguido despidiendo un resplandor verdoso alrededor de su cuerpo.

Francis se concentró en la preparación mientras sus hermanos se encargaban de mantenerlo a raya. Definitivamente, iba a ser uno de sus trabajos más complicados de llevar a cabo, especialmente, por no tener más que suposiciones para hacer todo.

—Por casualidad ¿no te habrá enseñado a contener un esqueleto?— Johann golpeo los huesos del torso, esperando desarmarlo de esa forma y poder ganar tiempo, pero parecía estar hecho de un material reforzado que ni el golpe con el pie de la lámpara había servido para ello, desatando la furia del enemigo, acabando estrellándose en el baño, con la mesada.

Ciro intentó ayudar quemándolo sin ningún tipo de éxito mientras Maya intentaba que su hermano reaccione.

Fue cuando Francis articuló la última frase y tiró el contenido del bowl al suelo con fuerza. Hubo una explosión y el humo de colores que salió de la marca que quedó tallada en el suelo envolvió al esqueleto y como si fuera una proyección, vieron un fragmento de su pasado. No era un simple pescador, ni si quiera, estaban seguro de que fuera simple. La escena proyectada en la nube de humo mostraba a un hombre fornido que usaba un hacha para matar personas. Removía las partes de su cuerpo y las conservaba en su hogar gracias a la taxidermia. Escenas realmente horribles pasaron en ese momento, haciendo que sintieran asco, más, acabó cuando Francis tambaleó sosteniéndose de la mesa de noche, cuidando de no tirar el talismán.

El esqueleto dejó de brillar brevemente y fue suficiente para que Francis lo aprisionara contra la pared con su telequinesia.

—Maya, Ciro. Hay que llevarlo a la exhibición— y le indicó a su hermana que tomara el bolso con sus armas y el talismán.

Ciro posó sus manos en los hombros de los hermanos y llegaron a la sala donde habían sido atacados anteriormente. Habían dejado a Johann en la habitación o acabaría más herido de lo que ya estaba.

Les indicó qué es lo que tenían qué hacer o al menos, lo intentó. Tal como el humo le había mostrado, el hacha tomó posesión del esqueleto destruyendo todo lo que había a su alrededor, impidiéndoles que pudieran llegar a actuar como debían: estaban dispuestos a acabar con los tres. Su mayor problema es que Francis estaba casi sin fuerzas, siendo socorrido por ambos para salir ilesos, aunque Ciro no salió tan bien parado al detener uno de sus ataques, acabando con un corte en el brazo.

—Yo me encargaré de darles tiempo. Lo que tengan qué hacer, háganlo— dijo Ciro alejándose de ellos, sosteniendo el hacha por el mango, deteniendo el ataque que iba directo a él. Más, era un enemigo formidable para estar muerto, que les estaba causando más problemas que cualquier vivo.

El fénix cubrió todo su cuerpo con las llamas, extendiéndolas al contrario sin tener mucho efecto, pero se daba cuenta de que retrocedía al hacerlo.

—¿Recuerdas cómo pedir la fuerza de un dios? Ponlo en práctica ahora — y e entregó el talismán —tiene belladona— y eso fue suficiente para que supiera a quién debía pedir auxilio.

Maya se puso de pie acercándose al lugar de la batalla, impregnando el talismán con su energía, comenzó el conjuro:

—Inesperada y poderosa. Presentante ante mí y préstame tu fuerza ante el fulgor de estas llamas— y lanzó el talismán hacia el esqueleto. Ciro se hizo a un lado cuando el camino de fuego salió de los pies de Maya haciendo un círculo alrededor del esqueleto —cúbrelos con tu abrigo oscuro mientras tus perros llevan su velo hasta las profundidades del infierno— finalizó y el fuego se hizo tan potente que tuvieron que resguardarse detrás de una estatua y aún así, el calor que llenó la habitación fue agobiante, haciéndolos creer que morirían calcinados.

Cuando las llamas se apagaron, quedó todo en una perfecta oscuridad. Ciro los volvió a alumbrar usando su cuerpo para ello, viendo las maras de quemaduras y los vidrios y objetos rotos que quedaron en el museo. En el suelo, quedó marcado el más evidente: la forma de esqueleto sosteniendo un hacha.

—Creo que no podremos disimular esto— dijo Maya mirando a su alrededor. Al menos, estaban vivos.

—¿A quién le pediste poder?— preguntó Ciro curioso.

—A Hécate, la reina de las brujas. La belladona es su favorita— sonrió complacida y sumamente cansada. Lo mejor que podían hacer era desaparecer de la escena del crimen antes de que alguien llegara.





Ninguno podía ocultar su emoción al bajar del barco. Era un viaje que no querían repetir por nada del mundo. Ciro los acompañó hasta una cafetería, después de escucha algún cuchicheó sobre el accidente que había tenido su museo, el fuego espontaneo que había ocurrido en el barco y como gran parte de las muestras habían perecido con ello. Lo interesante era el grabado del suelo, posiblemente, cuando averiguaran si había sido causado por un fuego espontaneo o no, fuera a parar al museo. Pero sería un tema del que no querían enterarse.

—¿Te quedarás con nosotros?— Preguntó Maya al fénix —podremos averiguar más sobre tus lagunas, tu memoria—

—Posiblemente no. Tengo que llevarla al océano, a un punto donde no pueda volver, pareciera ser su deseo— y les mostró la caracola que los había llevado a todo eso.

—¿Cómo sabes que es eso lo que quiere?— La tomó Johann en sus manos una vez más y sintió como si palpitara —¿es otro tsukumogami? —

Él asintió y la vio derramar agua de su interior una vez más. En el suelo, se formó un cuenco donde se veía un espejo y en el espejo se reflejaban los rostros de sus padres y su abuelo.

Los tres quedaron sorprendidos al ver eso ¿cómo es que sabía? Era en vano preguntar, era una caracola después de todo.

—¿El espejo es una pista para hallar a nuestra familia?—Preguntó Maya, más cuando miró a u lado, Ciro ya no estaba. Sólo ellos tres con una esperanza renovada de volver a ver a su familia.

—¿Entonces?— Johann se encogió de hombros metiendo las manos en los bolsillos.

—Entonces, hay mucho sobre los espejos que debemos investigar— se adelantó Francis buscando las llaves de su auto. Aun tenían una larga investigación por delante y seguramente, muchos más seres horribles con los que pelear, hasta eso, se concentrarían en lo que tenían a mano.

—Pero primero, vamos a desayunar. Muero de hambre— dijo Johann entrando al auto en el asiento de copiloto.

—Pero yo quiero ir a la cabaña y dormir— dijo Maya siguiéndolos.

—Duerme atrás. Iremos a comer. Esta herida en mi cabeza no sanara con ayuno—
—Así comas de todo, tus problemas mentales no se solucionaran— y le sacó la lengua a punto de hacerle una rabieta —Fran, decide— y ambas miradas se posaron sobre su hermano mayor.

—A mi no me metan. Yo sólo conduzco— se encogió de hombros dejándolos discutir por su próxima parada, disfrutando esa repentina cotidianeidad con sus hermanos, después de todo, a habría tiempo para la magia. 









<<Parte I



Tsukomogami: 付喪神 se escribe con los kanji de espíritu y artefacto, por lo que se entiende como 'el espíritu del artefacto'. Es una creencia antigua de Japón que relata que las cosas al cumplir cien años, adquieren un alma y esta alma se manifiesta en el objeto de acuerdo al uso que se le ha dado/se le da. Se dice que cobran forma antropomórfica y caminan por el hogar que les dio cobijo, dándole alegrías o penas a sus dueños, pues, dependiendo de su uso u olvido, es que el alma se manifiesta. Como el biwa —un instrumento musical muy parecido a un laúd— que puede caminar por las noches entonando bellas o tristes melodías si su amo lo ha abandonado, o las sandalias que pueden correr y cantar una canción, haciendo travesuras por la casa. Hay de los más curiosos y hasta representativos —uno de los más conocidos es el paraguas, que es muy asociado a las casas embrujadas y es uno de los que peor fama tiene que el manga está lleno de paraguas asesinos (?)—. 

Sí, parecen salidos de ¡Ay, monstruos!



Aunque hay muchas historias buenas y malas, la creencia aboga al respeto por las cosas y su cuidado, aun cuando el tiempo pasa, así que le saqué provecho a esto para el cuento.


¡Se cuidan!

Bye!

6 comentarios:

  1. Buena historia.
    Es útil tener a un fenix como aliado aunque sea torpe.
    Un abrazo.

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    1. Totalmente, algo que puede llegar a cambiar con el paso del tiempo, al menos, creo eso XD

      ¡Un abrazo!

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  2. Me gusto tú cuento lleno de magia y la complicidad de esos hermanos que aunque discuten se quieren , los esqueletos brillantes son una pasada , bueno creo que tú imaginación te acompaño en todo momento .
    Gracias linda un besote y buen día.

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    1. ¡Muchas gracias! Me alegra que te gustara. Lo de los esqueletos, me encantó, me gustan ese tipo de elementos en los relatos.

      ¡Un abrazo!

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  3. !Wow! Que trepidante capitulo.
    Las aventuras de estos hermanos son de lo más originales. La caracola y el esqueleto me recuerdan a un libro que leí cuando era adolescente. Tan grandioso y mágico como tu misma historia.
    !Un abrazo!

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    1. Oh, curioso que hayan sido justo esos dos elementos. La caracola me tenía pensando en Bob esponja, por eso de lo mágico, al menos, no podía quitarme esa idea mientras escribía xD Me alegro que te gusten los personajes <3

      ¡Un abrazo!

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