jueves, 20 de julio de 2017

Mientras duerme el sol — Capítulo 2 —Los primeros en caer

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de maravillas ¡Feliz día del amigo! Espero que pasen un bello día <3 De momento, mi regalo es traerle otro cuento (?) Si no tienen idea de la historia o quieren leer un poco más, los invito a pasarse por aquí, otro de mis amados índices de Mientras duerme el sol <3

De paso y antes de que me olvide, me gustaría pedirles un favor. La verdad es que estoy archie mega bloqueada con el reto del día 35 del Libro del escritor porque no tengo idea de qué cliché tratar. Por mucho que lo busco, acabo pensando en amnesia y nada más, así que si pueden sugerir tres clichés que le gusten/odien en la caja de comentarios, se los agradeceré enormemente, así tengo una idea más amplia por donde partir con la historia y la subo. Gracias <3 Los quiero <3

¡Ahora sí! Vamos al cuento :D


Estaban los tres en salas de interrogación diferentes, más allá del viaje en coche, no habían podido tener más contacto entre ellos. El malentendido quedó fuera de toda posibilidad que fuera creíble. Una vecina había llamado a la policía al sentir los ruidos y gritos en la casa, siendo ellos los que habían sido capturados como responsables al quedar en la escena del crimen con tanta evidencia encima.

—¿Conseguiste algo?— pregunto Thomas, el policía que se había encargado de hablar con Francis y Johann.

—No— respondió Raquel —volvían del depósito de chatarra de su abuelo, entraron a la casa y vieron todo.

—El mío dice lo mismo. Su hermano también. No tuvieron tiempo para ponerse de acuerdo ¿y esos moretones y cortadas? Parecen recientes, parecen haber salido de una pelea bastante fuerte.

—No sé qué decirte, no había nadie más que ellos, ni un cuerpo a pesar de toda la sangre. Y ¿viste sus bolsos? Armas, balas de sal, de hierbas, amuletos, un muñeco de trapo, un libro que parece de hechizos, aunque está en otro idioma. Creo que son de algún culto. ¿Y ella? Es muy joven para estar involucrada en un asesinato—.

La oficial suspiró, se sirvió un café y decidió volver a la sala a interrogarla. Su abogado no tardaría en llegar y ya los pondría al tanto de cuál era lo mejor en su situación. Por lo pronto, tenía interés en hablar con Maya.

Le ofreció un café que ella rechazó así que le quedaba tan sólo proceder.

—¿Por qué lo hicieron?—

—Amo a mi madre, aunque esté loca— rodó los ojos —Jamás le haría daño—

La policía no le creyó. Raquel no sé convencía tan fácilmente de las cosas y había lidiado a lo largo de su vida con asesinos que parecían no matar a una mosca y sin embargo, tenían un largo prontuario por detrás. Sabía que no debía fiarse de las apariencias ni de una sonrisa bonita.

—Entonces ¿me explicarías el contenido de sus bolsos? Balas de  hierbas y flores, algunos ¿brebajes?. El libro en ese extraño idioma ¿qué es todo eso?— Preguntó queriendo cambiar el tema, intentando lograr que se abriera con algo.

—Usted es policía, debe saber que las balas de sal son una buena defensa. No matan pero si duelen y mucho. Los campesinos las usaban contra los ladrones de cultivo ¿lo sabía? Las balas de hierbas aplican a lo mismo—

—¿Y eso cómo tiene que ver contigo? No creo que cultiven algo en plena capital ¿Iban a hacer un ritual?—.

Maya supo en ese exacto momento a que se refería pero ¿cómo responder? Ni era ritual ni ellos eran de una secta, en todo caso, pertenecerían a un aquelarre. ¿Habría un aquelarre? Su madre siempre les había hablado de todo, su abuelo era mucho más abierto, pero jamás habían sabido de eso. A lo mejor sí eran mitos. Después de todo, eran de una larga estirpe de brujos y nunca se había hablado de un poder superior o grupo de brujos, suponía que quizás, habían existido en tiempos anteriores, hasta disolverse en la actualidad en todo caso.

—¿Señorita Athens?— La llamó la policía haciendo que volviera a la realidad.

—¿Si?—

—Dígame la verdad—

—Usted no podría con la verdad— se rio cruzando las piernas, moviendo ligeramente su pie izquierdo.

—Sus bolsos, ¿para que usan su contenido?— Insistió.

Ella suspiró.

—¿Cree en fantasmas, demonios, brujas? Bueno, no responda, igual me creerá loca. Todo lo que hay en nuestros bolsos es para combatir todo aquello que vive en las sombras. Suena a locura pero es a lo que la familia se dedica. Y nuestra madre y abuelo desaparecieron por algo de ello. No sé qué haya sido pero mientras más tiempo estemos aquí, más tiempo perdemos de encontrarlos y ayudarlos— y se echó en el espaldar de la silla cruzada de brazos ante la expresión de la agente—le dije que no iba a poder con la verdad— sonrió cínica.

La oficial la miró incrédula, saliendo de la habitación. En todos sus años de trabajo había escuchado locuras, muchas mentiras pero jamás una de ese calibre. Se encontró de nuevo con su compañero que había dejado a Francis con su abogado. Lo pondría al corriente de cómo procederían y como debían enfrentar los cargos. Tenían algo bueno: no había cuerpos, así que le sacarían provecho a eso mientras pudieran, aunque probablemente, siguieran retenidos por las armas homicidas.

Fran renegó de su suerte que era el mayor implicado al tener el cuchillo sus huellas digitales, pero ¿qué más podía hacer? Estaban encerrados e incomunicados, si los mandaban a una cárcel, no iba a volver a ver a su hermana por un largo tiempo hasta que las cosas se esclarecieran, si es que llegaba el momento de esclarecerlas. Lo cierto es que debía pensar y rápido un método para escapar de ahí. Y lo pensó bien y creyó que quizás no estaban tan perdidos como creía. Por supuesto, no había forma humana de convencer a la policía, pero podrían darse maña para huir. No había intentado nunca antes algo como eso. Podía manejar su quinesis siempre que estuviera viendo dicho elemento ¿sin verlo? Era una locura, pero ¿qué más le quedaba? Necesitaban escapar y pensó que Maya sería una buena opción para ayudarlos.

Francis se concentró en encontrar una lapicera en la habitación. Rogaba que su hermana estuviera sola, así nadie vería moverse sólo el bolígrafo y les quitaran su única posibilidad de salir.

Ella había quedado bastante frustrada, dando vueltas por la habitación en lo que llegaba de nuevo la agente a una nueva tanda de preguntas que ella no respondería de la forma que quería. Se tiró en la silla y se levantó de golpe al ver el bolígrafo moverse y lo siguió con la vista, sorprendida al ver la única palabra que llegó a escribir: infierno. Ella lo entendió al momento: quería fuego y ella debería crearlo.

Tragó saliva. Era su plan de escape ¿podría hacerlo? Si estaban fuera y juntos antes de que los trasladaran a otro sitio, iban a tener más posibilidades de escapar, pero ¿era ella capaz? Necesitaba concentrarse: jamás había provocado un incendio a gran escala, la silla que había quemado una vez y ya. ¿Sería capaz de hacerlo? No podía sacarse esa pregunta de la cabeza, poniéndose nerviosa a causa de ello. Justo ella que quería escapar de todo ello, del mundo extraño, de las cosas sobrenaturales, de su sangre mágica. Pero ahora, sus hermanos la necesitaban ¿podría hacer el esfuerzo y no fallarles? Ahora, debía ser fuerte por ellos.

Miró por la ventana de la puerta de la habitación donde estaba encerrada y se concentró en el escritorio lleno de papeles, sería un buen comienzo, tanto papel ardería rápido, levantó su mano y respiró profundo. Y fue pasando su mirada de objeto en objeto, hasta llegar al techo y cubrirlo de llamas. Se estaba cansando, pero aún no era suficiente, debía llegar a ellos, así que extendió las llamas por todo el cableado hasta que su puerta se abrió y las esposas se ciñeron a sus manos.

El bullicio causado por el fuego no tardó en propagarse por la oficina buscando cómo apagarlo, pero Maya se había encargado de extenderlo rápidamente por las zonas inflamables y ahí, además de todo aparato electrónico, había visto mucho papel.

—Lo siento— le dijo Maya a la oficial antes de que ella dirigiera las llamas a sus zapatos y ella corriera hacia el fondo, buscando a sus hermanos. El abogado abrió rápidamente la de Fran más, la de Johann tuvo que romperla ella misma, derritiendo la cerradura para poder sacarlo de allí.

El fuego se había propagado lo suficiente como para que las salidas se vieran cubiertas, pero contaban con una piroquinésica, por lo que a través de las llamas, le hicieron camino al abogado para que huyera. Ellos debían ser más sensatos y salir por otro lado.

Sospechaban que no había una puerta trasera, así que una ventana les serviría, pero todas las habitaciones estaban ardiendo en llamas, por lo que el trabajo de Maya fue más duro aún.

Salieron por una ventana, justo a la escalera de incendios.

Johann ayudó a su hermana a bajar debido a que aún estaba con las esposas. Era la única de los tres que la tenía.

La sirena de los bomberos se escuchaba con fuerza. Estaban cerca, así que deberían apresurarse, pero había mucha gente en las calles gracias al incendio.

—¿Dónde está el auto?— preguntó Johann.

—Probablemente, en el depósito de la policía— respondió Francis —debemos irnos pronto—.

—¿Al depósito?— dijo incrédula Maya.

—Por supuesto. No dejaré a mi bebé con la policía—.

Ella no lo creía ¡podría armar otro auto! Ahora, debían pensar en no volver a ser capturados, ¡pero no! El auto era más importante.

—Estúpidos hombres—.

Corrieron varias calles, el tumulto del incendio era perfecto para que no se preocuparan por ellos. Pero Maya estaba cansada ya y a pesar de que ya estaban cerca de conseguir su objetivo, se desplomó a medio camino.

Johann intentó hacerla reaccionar, pero acabó cargándola en su espalda, metiéndola en el asiento trasero del auto junto con él.

Francis arrancó el motor usando los cables y escaparon de allí a toda marcha. Ahora, eran fugitivos de la justicia, así que tendrían una preocupación más que su familia y lo que sea que los persiguiera: la policía.

—¿Y ahora qué haremos?— preguntó Maya cerrando los ojos.

—Tenemos que escondernos por un tiempo— dijo Johann.

Francis no dijo nada. No tenía mucho que aportar. Tendría que cambiar la patente del auto y los registros. Probablemente, los de ellos también. No tenían tiempo para esperar a la justicia a que los ayudara, simplemente tenían que actuar aunque fuera a las malas, pues, el tiempo no era su mejor aliado considerando que no sabían nada de su familia.

—¿Cómo te sientes?— preguntó Francis a su hermana mirándola por el espejo retrovisor, aún la veía pálida.

Maya se sentía un poco mejor, comiendo algo su malestar pasaría y volvería a ser la misma de siempre. Mientras pensaban en donde esconderse.

—El abuelo tiene varias cabañas secretas por todo el mundo, nos podemos quedar en una de ellas, con suerte, podremos encontrarnos con ellos en alguna— sugirió Johann mirando el mapa que su abuelo había hecho y que escondía en el segundo forro del asiento. Por mucho que revisaran, no lo encontrarían si no sabían dónde buscar, a menos claro, que desarmaran el auto completo, había cosas que estaban ocultas a una revisión minuciosa inclusive.

Le indicó a Francis el camino a tomar, aunque algo recordaban de las veces que habían visitado sus cabañas en más de una ocasión. Y a la que se dirigían estaba perdida en medio del bosque, un lugar al que no llegarían sin conocerla, una ventaja para los brujos.

Su hermana se durmió en el asiento trasero y despertó al anochecer, cuando se adentraron al bosque. Bajaron del auto y sacaron a Maya de allí dentro para llevarla a la pequeña y maltrecha cabaña. Por fuera, parecía completamente abandonada. La madera envejecida y mohosa, algunas partidas y la puerta que rechinaba mal cerrada. Todo el que llegara ahí pensaría la suerte que tenía de que aún se sostuviera en pie. Pero la magia que cubría la choza era poderosa como para mantenerla en pie todavía.

Francis ingresó y el lugar se vio más pequeño con ellos tres dentro. Hacía tiempo que no visitaban uno de los escondites de su abuelo. Se los había presentado en algunos de sus entrenamientos, en tantos viajes de supervivencia, que su abuelo era bastante torpe con ello. Les buscaba algo qué cazar, les dejaba algunos datos y desaparecía por unos días hasta que lo resolvían. Por supuesto, eso siempre los llevaba al límite a los tres.

—Había una entrada secreta ¿no?— preguntó Johann mirando a sus hermanos.

Intercambiaron miradas y se sentaron a pensar. Maya recorrió el lugar y en uno de los leños vio la palabra nana tallada.

—¿No era una canción que la abría?—

Y entonces, ambos se pusieron de pie mirándose nuevamente: la nana que su abuelo les cantaba.

—Here i am, rock you like hurricane. Here i am, rock you like hurricane— entonaron al unísono y esperaron pacientes viendo la escalera que se alzó en el suelo: habían encontrado la puerta.

—¿Por qué si ha vivido tanto no ha aprendido una sola nana decente?— se quejó Maya bajando con sus hermanos y apenas entraron, la entrada desapareció tras ellos, eso los mantendría seguros un tiempo.

El interior era mucho más amplio. Era incluso, más grande que su casa. La escalera que los llevó a la sala estaba en perfectas condiciones, quién viera el interior pensaría que el tiempo se había detenido que ni el polvo ingresaba a aquella residencia, por supuesto, nada de aquello se mantenía por qué sí, había hechizos en todos lados, cualquiera con un aura mágica podría detectarlos.

Encendieron las luces del refugio y recorrieron todas las habitaciones con esperanzas de encontrar a alguien allí. Pero estaba vacío, completamente vacío, llegando arrastrando los pies hasta la sala, sentándose en la mesa ovalada del centro con una expresión de entierro en la cara.

—Nos quedaremos aquí un tiempo. Hay comida y tenemos todo lo necesario aquí— dijo Francis —hay algunos mapas y libros del abuelo y mamá. Si leemos alguno de ellos, quizás, tengamos una idea de dónde pudieron irse. El abuelo documenta todo—

—Pero mamá no— se quejó Johann. —Por eso dependemos del abuelo— y habiéndose organizado, supieron que además de tener un extenso día, los que le seguían iban a ser mucho peores intentando dar con algo que los reencontrara y les diera respuestas.
Al final, terminaron tomando un descanso en las habitaciones del refugio. Eran grandes, mucho más que las de sus casas y algunas, hasta contaban con dos camas.  No sabía qué hacía su abuelo cuando la construyó, pero lo que era casi seguro es que no era él solo cuando las planeó. Al amanecer, se levantaron y comenzaron a rebuscar en la biblioteca y en los archivos, con la esperanza de encontrar alguna pista.
Johann se encargó de un archivero que cubría toda una pared, del suelo al techo, pintado de color cobre que destacaba de sobremanera en la habitación blanca, como si hubiese sido hecho a propósito que cada mobiliario de allí fue en tono claro para que fuera mucho más visible, inclusive, que el de las estanterías de la biblioteca. Abrió el primer cajón que le pareció más propicio para empezar: uno de arriba a la izquierda y de él, sacó un libro viejo que llevaba un sello y una inscripción en runas ᚿᚮ ᛆᛒᚱᛁᚱ. Ignorando ello, rompió el sello y lo abrió cuando un gritó salió del libro e hizo que lo tirase al suelo después de un buen susto.
—¡Ten más cuidado! Mi lomo ya no es como hace cuatrocientos años— bufó el libro revoloteando sus hojas de un lado a otro, brincando del suelo, emitiendo una voz ronca, como de un fumador empedernido.

Maya y Francis que escucharon el grito, saliendo de los pasillos de las estanterías para encontrarse con el libro parlante en el suelo.

—Bien, esto es raro incluso para nuestros estándares— dijo Francis acercándose al libro y tomándolo del suelo mientras le soltaba una sarta de insultos y pedía que lo tomaran con mucha más sutileza, pues, era de cuero cosido a mano y lacado en oro, una pieza muy valiosa como para que cualquier brujo la tocara así nomás.

—¿Sabes algo de nuestro abuelo Francis?— Se animó a preguntarle Maya recibiendo la mirada reprochante de sus hermanos —¿Qué? Es más rápido que leer todo lo que está aquí— se encogió de hombres y vieron como depositaba al libro en la mesa y de sus hojas que bailaban de un lado a otro, llegó hasta el centro y se quedó quieto, formándose un rostro humano cubierto de letras por las inscripciones del libro. Eso les había sido mucho más sorprendente que escucharlo hablar.

—No sé nada de ese viejo. Hace siglos me puso ese sello y me guardó ahí dentro. No he tenido oportunidad de salir desde entonces— se quejó —ahora, quiero salir a tomar un poco de aire. Odio el olor a encierro—

—Lo siento pero no puedes salir. Sería peligroso que lo hicieras. Además, pareces contener hechizos poderosos como para andar en el bosque— se disculpó Francis y sabiendo que no iban a conseguir nada de tan peculiar objeto, cada uno volvió a su actividad. Pero el libro era mucho más irritante de lo que ninguno de ellos podía soportar, tanto que estaban muy seguros de la razón por la que había sido sellado. Lo que sí sabían es que ahora tenían que tratar con él, para bien o para mal, acababan de devolverle la vida a un objeto que, posiblemente, hubiese sido mucho más simpático encerrado y cerrado por siempre.

Estuvieron en silencio como diez minutos cuando el libro comenzó a silbar sonoramente después de quejarse de lo aburrido que eran ellos. La acústica de la biblioteca era tan buena que podía hacer una muy buena resonancia sin necesidad de esforzarse.

—¡Listo! Si no te callas, te quemaré— lo amenazó Maya con una bola de fuego en su mano haciendo que Johann se adelantara a bajar su brazo antes de que hiciera algo peligroso, después de todo, por irritante que fuera el libro parlante, era un libro de hechizos y no podían destruirlo así como así sin saber si había otro en el mundo igual a él. Aunque deseaban que no.

—Eres demasiado violenta para ser mujer— bufó el libro y dio un brinco quedando con el lomo hacia Maya. Parecía molesto o al menos, pensaban ello ¿Cómo podían analizar el estado anímico de un libro?
Antes de que empezaran a pelear, tomaron un descanso en la sala de estar todos juntos, hasta llevaron al libro cascarrabias a que los acompañaran. No había mucho más qué hacer ¡quién sabe qué haría solo! Aunque era un libro, no podían descartar si era mágico o podía ejercer la magia. Les sirvió además, para averiguar que su nombre era Myrddin y que no siempre había sido un libro, sino que antes, había sido un poderoso brujo sellado en aquel manuscrito a causa de una maldición que nunca habían podido romper después de cuatro siglos.
Y Myrddin se negaba a colaborar con ellos de la forma que sea, incluso, se negaba a una convivencia pacífica, pues, no quería seguir ahí con ellos, pero el mayor de todos, Francis, aun creía que podía serles útil a futuro, ya sea por él o por sus conocimientos, así que hizo un trato que no estaba seguro de poder cumplir, después de todo, su abuelo no lo había logrado:
—Si tú nos ayudas a encontrar a nuestra familia, buscaremos la forma de regresarte a la normalidad. Es un trato justo—
Myrddin aceptó, así que contaban con un nuevo aliado, ruidoso, mal humorado, pero aliado al fin y al cabo. Y algo le decía que debía ser alguien poderoso para haber acabado de una forma en la que resultase, casi inofensivo.


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La verdad es que no sé nada de rúnico, pero encontré un traductor online y es el que usé para ello. Pueden verlo justo aquí
Es todo por ahora.
¡Se cuidan!
Bye! 

10 comentarios:

  1. Buenos días linda , tus cuentos son especiales , me gustan y disfruto leyéndolos tienes mucha fantasía y eso es muy bueno la historia es genial así que enhorabuena por ella.
    Y me parece por otro lado increible que no tengas de que escribir en tú reto pues te doy una idea a ver que te parece...¿Qué tal escribir sobre un día cualquiera>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>?

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    1. Perdona se me olvido despedirme ajjajaj un fuerte abrazo muakkkkkkkk

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    2. ¡Gracias! Qué bien que los disfrutes, me encanta leer cosas de este tipo, me hacen el día <3

      Sobre el reto, la cosa no es no tener ideas, pues, he leído bastante de clichés, pero tengo que elegir tres y bueno, no acabo con ello XD pero va a salir algo, eso seguro <3

      ¡Un abrazo!

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  2. ¡Me ha encantado seguir leyendo sobre estos personajes! Y la entrada en escena de Myrddin me ha parecido genial. Espero que logren romper su maleficio (?)

    A ver, clichés... Uf, es que hay tantos... El elegido o elegida que debe salvar el mundo, un malo que hace el mal porque tuvo algún trauma de pequeño, un malo simplemente violento y no malvado, una pareja que antes de serlo se peleaba pero que luego acaban juntos, un personaje que siempre acude en la ayuda del protagonista al estilo deux ex machina...
    No sé, a ver si alguno te sirve ;)

    ¡Besicos!

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    1. ¡Qué genial! Myrddin es un personaje que me gusta mucho, su aire de gruñón en un libro lo hace encantador <3

      ¡Gracias por los clichés! Leí varias páginas y no los mencionaron a esos XD me los anoto que tengo algo dándome vueltas por ahí.

      ¡Un abrazo!

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  3. Estupendo relato aunque me temo que debería la historia desde el inicio. ¿Sacarás una edición en PDF o ePub con toda la historia?
    En cuanto a clichés:
    1. El malvado que siempre cuenta sus planes cuando ha atrapado al héroe y de esa manera le da la oportunidad de escapar. ¿Por qué no lo mata cuando tiene ocasión sin más cháchara?
    2. El de un boda en el que el amante verdadero llega siempre en el momento en el que el cura pregunta eso de si alguien tiene una objeción. Y siguiendo con las bodas, esas historias en las que el malvado fuerza a la chica a casarse con ella y el héroe debe salvarla de ello, como si se creara un vínculo indisoluble e irrompible. ¿Es que entonces ya no podría acabar con el malo o pedir la nulidad del matrimonio o simplemente quedarse con ella y al malo que le den?
    3. Esas horripilantes escenas de malentendidos. Son aquellas que el espectador se queda en la pantalla preguntándose, ¿por qué no se lo dice? En vez de eso se callan y se separan con tristeza. Otra variante es cuando el amante va todo risueño a ver a la chica y la ve hablando con otro, entonces se deprime porque piensa que ya no lo quiere.
    Bueno, no sé si te he dado ideas aprovechables que con este calor en España tengo la cabeza embotada. Un abrazo!

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    1. Posiblemente, cuando la avance un poco más termine sacando una versión en PDF pues, ya me lo han pedido mucho, así que será comenzar a editar y armar para subirlo al blog.

      ¡Gracias por los clichés! No había pensado en ellos y eso que ayer me vi una película en donde salía el primero XD

      ¡Un abrazo!

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  4. Muy buena historia. Me gusta el escepticismo policial ante las investigaciones paranormales, que los hayan arrestado por las acusaciones de los vecinos. Creo que no sería extraño que la oficial de policía termine pidiendo ayuda, en forma no oficial, para enfrentar a una amenaza sobrenatural. Hace años hubo policías que fueron atemorizados por la aparición de unos duendes.

    No sé si la idea que te sugerí es efectiva. Ulises Lestrade, el detective de oculto, dificilmente hubiera podido conocer a Maya, ya que creció en Averoigne, una región misteriosa de Francia. Tal vez si su pariente Hugo Lestrade, Guardián Exterior. Aunque quiere ser tan mujeriego como su antepasado. Claro que ese podría ser un motivo para terminara una hipotetica relación con Maya. Sólo a un Guardián Exterior se le puede ocurrir enojar a una mujer ignifuga.

    Muy bien contado.
    Un abrazo.

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    1. PD Casi me parece mejor que sea un personaje tuyo ese novio, ex novio de Maya.

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    2. Si es por el lugar, los chicos han viajado mucho, de hecho, en el cuento que subí de 'La canción de la lluvia', enfrentaron un caso en Francia. Aunque bien pueden tener algún caso a futuro y quedar de colegas también XD

      Leí una vez un caso así, en Santiago del Estero, que ahí pasa de todo XD pero pasa que hay mucho incrédulo, o de los que no creen hasta que les pasa a ellos.

      Me alegra que te guste la historia <3

      ¡Un abrazo!

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